Carola Chávez: El arrepentimiento de los cínicos

Carola Chávez: El arrepentimiento de los cínicos

Yo vivía en España cuando el trío de las Azores cocinaba la guerra de Irak. Recuerdo cómo los medios, todos, se dedicaban a contarnos el cuento del coco con Saddam Hussein.

El presidente de Irak estaba hasta en la sopa, en los noticieros, en los programas de variedades, en los de concursos, en los deportivos… tal como hacen en estos días, por cierto, con el presidente Maduro. Se trataba, dice hoy el informe Chilcot, descubriendo-el-agua-tibiamente, de dirigir la opinión pública hacia la aceptación y apoyo a la invasión por venir.

“En Irak hay armas de destrucción masiva, créanme”, nos dijo Aznar mirando fijamente a la cámara, como tratando de vernos directo a los ojos. Nadie le creía. Las encuestas mostraban 90% de rechazo a su intención criminal. Millones de españoles tomaron las calles: ¡no a la guerra! En esos días había carteles a favor de la paz en las casas, los comercios, en los colegios, en los hospitales, en todos lados… todos repudiando la guerra que promovía Aznar y él, oídos sordos. Finalmente, empezó la invasión. Así funciona la democracia en esos lados: pateando la voluntad de las mayorías.

Lo mismo pasó en Inglaterra bajo la batuta de Tony Blair: mentiras repetidas en concierto mediático, manifestaciones en contra de la guerra que se inventaba Tony, quien, enredado en el informe Chilcot, hoy dice que él no sabía que la guerra iba a ser tan sangrienta y expresa “más pena, arrepentimiento y disculpas de las que ustedes puedan llegar a conocer o creer” (como si alguien le pudiera creer). Aunque no todo fue en vano -asegura-, “al menos en Irak, aunque presenta muchos retos, tenemos un gobierno electo, reconocido como legítimo por la comunidad internacional que lucha contra el terrorismo”. Terrorismo que no existía, por cierto, en tiempos de Hussein. Sangriento precio a pagar para tener un gobierno reconocido por la “comunidad internacional”.

Hace un tiempo, Aznar admitió haberse equivocado con Irak porque nunca existieron las armas de destrucción masiva que nos había jurado que Saddam tenía. “Créanme”. Pasada esa página, hoy Aznar dirige, junto con el PP, una campaña con los mismos ingredientes nefastos: los mismos aliados, los mismos medios, la misma manipulación, los mismos fines, por la misma petrolera razón, esta vez contra Venezuela.

Créanme.

Opinión 11 julio, 2016

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