Clodovaldo: El (anti) perfil de Bocaranda y toda la historia de sus “Runrunes”

Clodovaldo: El (anti) perfil de Bocaranda y toda la historia de sus “Runrunes”

En la víspera del Día del Periodista cabe esperar que una revista revolucionaria traiga la semblanza de un profesional con una trayectoria intachable y una ética a toda prueba.

Pero ya sabemos que a Épale CCS le gusta llevar la contraria. Así que aquí van unos rumores (o runrunes, como usted quiera) acerca de la vida y milagros de Nelson Bocaranda.

antiperfilbocaranda060716_op_1Remontémonos, primero, a tiempos lejanos. Pero, antes de comenzar con esta delicada labor, advirtamos que casi nadie quiere hablar de él por temor a sus venenos, que son más mortíferos mientras más viejo se pone el hombre. Los periodistas contemporáneos de Bocaranda (quien nació en Boconó, en 1945) reaccionan espantados ante la solicitud de que cuenten una anécdota o expresen su punto de vista sobre su catadura moral. Expresiones como “¡zape gato!” y “¡guillo, que hay mucho pillo!” fueron comunes ante los intentos de escarbar en las profundidades de estos sumideros de la historia periodística. “No puedo, estoy en una etapa de asepsia”, dijo, por ejemplo, el profesor Earle Herrera. Resultó necesario, en consecuencia, trabajar con información “de fuentes bien informadas” o “de personas que pidieron preservar su anonimato”. Es un pecado profesional pero en este caso puede considerarse un momento de justicia poética, si se tiene en cuenta que el objeto de las versiones extraoficiales ha industrializado el chisme y la murmuración, pretendiendo elevarlos a la categoría de géneros periodísticos.

“Es un caso perdido desde que estaba chiquito”, comenta uno de los contemporáneos. “Desde antes de graduarse ya andaba buscando la manera de trepar en la televisión y en la embajada americana, pues si en algo ha sido coherente es en que siempre ha sido pitiyanqui”.
De hecho, él mismo cuenta que bien temprano en su vida se vinculó a los gringos. Una de sus anécdotas favoritas es que le hizo una foto desde muy cerca a John Kennedy, quien quedó encandilado (por el flash, claro) y le dio un coscorrón diciéndole: “¡Bad boy!”. Muy orgulloso cuenta que en ese acto, parte de la visita oficial del presidente estadounidense a Venezuela, a él lo comisionaron para que le entregara un ramo de flores a la fulgurante primera dama Jacqueline Kennedy, a nombre de los periodistas venezolanos.

Sin graduarse comenzó a laborar para el Reporter Esso, un noticiario financiado por la petrolera estadounidense Standard Oil (actualmente Exxon Mobil), y para El Observador Creole, patrocinado por la Creole Petroleum Corporation, subsidiaria de la misma Standard Oil. Ya en aquella lejana época fluían los corrillos (runrunes, pues) según los cuales todos los que trabajaban en esos espacios eran, en última instancia, pagados por la CIA. El hecho de que el jefe máximo de esa división informativa fuese Rafael Poleo ha alentado, desde entonces, tales habladurías.

Bocaranda egresó en la primera promoción de la escuela de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello, en 1965. Moviéndose con precoz habilidad para la escalada, logró que la embajada le otorgase una beca para estudiar en Estados Unidos, donde llevaría una vida farandulera, con amistades hollywoodenses de las que le encanta ufanarse. Así lo reseña su biógrafa oficial, Milagros Socorro, y así lo cuenta él en las entrevistas de personalidad que le han hecho a lo largo de su carrera, esas donde nunca le preguntan por cuestiones de fondo sino sobre su condición de mago amateur y su colección de chistes, los que antes llevaba en una pequeña libreta y ahora en sus celulares. Entre las superestrellas del cine estadounidense con las que trabó amistad están Gene Kelly y Warren Beatty. Al menos eso dice él.

Luego de su pasantía por EEUU, siguió con cargos diplomáticos que tuvo durante el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, los que le permitieron seguir codeándose con la gente importante del Norte.

Cuando retornó a Venezuela, comenzó su etapa en RCTV (antes había estado en Venevisión). Un antiguo reportero de esa planta cuenta una anécdota que lo retrata. “Era una entrega de los premios Meridiano de Oro, en el teatro Las Palmas, y Primer Plano estaba nominado como programa de opinión del año. Bocaranda subió tres veces al escenario antes de que comenzara la ceremonia para pedirle a Apolinar Martínez, director de Meridiano, y a dos ejecutivos más del Bloque Dearmas que le dijeran si Marcel Granier había ganado el premio, para así poder decírselo a su jefecito antes de que lo anunciaran. Como no se lo dijeron, amenazó con que si Marcel no tenía la seguridad de ser el ganador, no entraría al teatro, pues él no permitiría que fuera objeto de un desaire ni que sirviera de comparsa”. El confidente resume que en aquellos tiempos, en los pasillos de RCTV, a Bocaranda se la consideraba “El Gran Jalabola” de Granier, título que se disputaban varios ejemplares.

Los chismes sobre las malas artes del trujillano criado en Caracas (en San Bernardino y La Florida) no se limitan al campo periodístico. También hay cuentos sobre trapacerías sentimentales. Entre los viejos periodistas que hicieron señales de “¡bien lejos con ese tipo!” se cuenta uno que en 1966 trabajaba en el diario La Verdad, cuyo jefe de Redacción (Oscar Yanes) organizó un viaje a Vietnam en plena guerra. “Al volver, mi novia me chismeó que Bocaranda había intentado seducirla argumentando que, de todos modos, lo más probable era que yo no regresara de Vietnam. Ese método de enamorar in artículo mortis me pareció despreciable y tomé la decisión de no tratarlo nunca más. Decisión acertada porque el personaje era y es un asco”.

Bocaranda no siempre ha sido victimario del sicariato mediático. También le ha tocado ser víctima. Por ejemplo, cuando estuvo en el medio de uno de esos conflictos entre barones de la mafia periodística, uno de ellos, Armando de Armas, ordenó tomarlo como blanco de una campaña de infamias, que incluía frecuentes menciones en la columna farandulera “Chepa Candela” y caricaturas del periodista con indumentaria de rumbera cubana. Tal vez, después de sufrir en carne propia ese tipo de ensañamiento fue que Bocaranda decidió consagrarse por entero a la chismografía más ruin.

La prolongada carrera de Bocaranda, que ha incluido televisión, radio, prensa escrita y más recientemente el ámbito digital, le ha producido, además de grandes enemistades y odios, muchos reconocimientos y premios. También le ha traído algo no tan frecuente en la profesión: dinero. Mientras muchos de sus antiguos compañeros han terminado casi en la indigencia o en la pobreza más ruda, él vive en una mansión en La Lagunita y recorre el mundo en onda de bon vivant.

Llegamos entonces a los años más recientes, en los que este personaje ha alcanzado niveles de marca mundial en materia de difusión de infundios y cotilleos. Un par de botones de muestra: el 11 de abril de 2002 hizo desaforadas incitaciones a “cazar” chavistas, dando nombres y direcciones. Luego, tras las elecciones de abril de 2013, a través del Twitter, atizó la “arrechera” que había invocado el candidato Henrique Capriles, lanzando versiones perversas contra los CDI y módulos de Barrio Adentro.

Con tantas décadas de ignominia, es complejo decidir qué es lo peor que ha hecho. Pero muchos se decantan por destacar su rol como el traficante más renombrado de las viles murmuraciones sobre la enfermedad del presidente Hugo Chávez. Eso es difícil de superar.

Y aquí aparece un comunicador que sí quiso declarar con su nombre y apellido, tal vez porque no es de la vieja guardia y no le teme a los venenos añejos. Se trata de Orlando Romero Harrington, quien ha estudiado el tema a fondo. “Probablemente sea la cara más visible de la guerra de cuarta generación que se desarrolla en Venezuela. Comúnmente, el modus operandi de este alfil en el tablero de las operaciones psicológicas consiste en generar matrices de opinión. Esto lo alerté años atrás. Pero hoy, en un contexto comunicacional penetrado por la web, el peligro es mayor. En un panorama de comunicación alterno, mucho más accesible e inmediato, la internet constituye el mayor forjador de repertorios simbólicos, comúnmente elaborados e inmersos en estrategias transnacionales. Bocaranda es un referente, por aquello de la digitalización temprana del rumor y la calumnia ‘oficial’ en RunRunes.com”.

En eso nos encuentra este domingo, en vísperas del Día del Periodista, cuando a Épale CCS se le ha ocurrido la genial idea de mostrar —como contraejemplo— la peor cara del gremio.

(*) Nota de redacción: este texto le fue solicitado al autor para la edición del Día del Periodista de la semana pasada. En paralelo, Gustavo Mérida escribió el “Perfil” que terminó apareciendo, dedicado al propio Clodovaldo Hernández. Un juego de roles cambiados urdido redacción adentro con la intención de sorprender, y homenajear, al tradicional responsable de esta sección.

(Clodovaldo Hernández / Épale Ccs)

Expresa tu opinión

*