Diego Sequera: La batalla por octubre

Diego Sequera: La batalla por octubre

La campaña mediática no logra encubrir la agenda golpista

Si el 1 de septiembre hubiera sido lo que hoy proclaman sus promotores por los medios, no existiría necesidad alguna de imponer qué fue lo que pasó, porque los hechos se hubieran ahorrado el palabreo. La MUD se vio obligada a pasar con muletas a la segunda fase de la operación, centrándolo todo en la disputa por la iniciativa en el tiempo inmediato. Muy lejos de lo planteado originalmente.

La severa inyección de adrenalina con que la mediocracia remolca la agenda no sólo describe el tamaño exacto de la inversión de recursos, sino que anuncia una batalla que centralmente se sitúa en el control del “tono movilizador” a lo largo del mes de septiembre, para desembocar en el último trimestre del año pretendiendo ser quien monopolice la atmósfera política. Pero el tiempo no lo lleva Ramos Allup.

La estridencia que produce el hablar de su jornada del jueves pasado, con sus verdaderos atributos, delata la artificiocidad de la acción mediática. Rafael Poleo, el 2 de septiembre, define que la del 1S fue “la mayor movilización ciudadana que ha conocido Venezuela” en El Nuevo País, y en el mismo diario, el domingo 4, Ramos Allup insiste: “la más grande manifestación de movilización ciudadana que hubiese conocido nuestro país en toda su historia”.

¿Se entiende el chiste? A eso se le puede llamar “jerarquización en el agenda setting” (osea), “cartelización informativa” (osea), “instalación de matriz” (osea). En todo caso, certifica la arista central de la operación en curso. Lo que se debe decir. La acción fue perfecta, dicen. No hay discusión y hay que imponerlo a troche y moche, a zapatazos. Y mediáticamente, hacen. Mientras la atención se desvía del profundo rechazo que produjo el cambio de seña de su dirigencia aquel día.

El incidente mediático en Villa Rosa busca descentralizar el foco, volcar los resultados no cumplidos el 1S y magnificar el lente sobre el gobierno. Esto también es huir hacia adelante. Lo otro era caer en evidencia: el 1S dependía de la violencia para concretarse.

Pero así como transpira el carácter de pacto oscuro la cadena de acciones que se proponen para el mes de septiembre, las capas del conflicto los pone en sus inconsistencias frente al sector más movilizado de la marcha, los resultados ciertos de una movilización que tampoco fue menor son desvirtuados y deformados, el empuje de la agenda ya habla de remolques y no de voluntades. Los peligros de la violencia no logran ser enmudecidos.

Y todo, en este instante político, cuenta. Y narra también. Describe.

El programa sobre el vacío

Al ser frenado por los carriles técnicos el frente armado del golpe, la MUD tuvo que conformarse con el puro acto de fin de curso y el lanzamiento del resto de la agenda sin sus escalas insurreccionales, sus tomas de territorio, sin el rebasamiento de las instituciones del gobierno, sin rompedera de piquetes, sin asesinatos selectivos y sin atentados terroristas.

Porque la agenda, según las fases pautadas sobre la tarima en el escueto y escuálido mensaje leído por Chúo Torrealba con el que anuncian una “toma de Venezuela”, iba de todos modos. Era lo impuesto por La Embajada.

Pero al perder el tono insurreccional, y al transmitirse el saldo final como si se describiera a un sujeto macrocefálico, no hay compatibilidad con el tono grandilocuente de El Nacional o El Nuevo País. Perdieron, al menos ese día, la instalación del tono violento. Tuvieron que apelar a una operación colateral con lo de Villa Rosa, en el estado Nueva Esparta.

Todo, en este instante, cuenta. Y narra también. Describe

No por eso la transfusión de sangre mediática palía la sensación de desencanto que produjo al final, ni la humillación que significó para tanta persona que de verdad se tomó el mensaje en serio, vino como pudo, quedó a la deriva, con hambre, sin pasaje y desconociendo dónde quedaba el Terminal La Bandera o el de Oriente.

El evidente abandono del liderazgo y el vacío que produce es el verdadero dato peligroso, en principio para la misma MUD en tanto presunta entidad responsable de lo que ese efecto podría producir: sobre qué remanente de la ultra secuestra su agenda y acelera la confrontación abierta y armada. Es un decir.

Ellos mismos saben que la convocatoria del 7 de septiembre a todas las sedes del CNE a nivel nacional adulterará el desarrollo sin interrupciones y contratiempos de los tiempos para habilitar el referendo. Lo saben. Pero el objetivo no es ni el referendo ni “corredor humanitario” alguno, ni presos políticos ni el Arauca vibrador.

Nadie prende una vela hoy por San Yon Goicoechea Mártir. Y nadie, mucho menos, le dejará una moneda a las ánimas por el bienestar de Braulio Jatar.

Respiración artificial

Convengamos mejor que lo ocurrido les dio la base suficiente como para arriesgarse a continuar el programa de acción, pero no lo suficiente para incendiar al país. Y esto no es un decir.

La insistencia en la cifra del “millón de personas” es elocuente. A pesar de lo poco que resiste un cálculo, la cifra se coloca de forma imperativa, y sobre esa mentira repetida salvajemente mil veces se le construye sentido a cada imagen de la marcha en Caracas como presunta medida de todo. La operación es ofensiva en ambos sentidos: porque no oculta su talante violento, y porque ofende.

Hasta el próximo 7 de septiembre, hasta que se demuestre lo contrario (y esto es una apuesta), el contrapunto irá de la opinión de que Venezuela se encuentra entre los “aires de refundación” y la “etapa terminal” del régimen, y si lo vuelven a permitir, repito, irá de ahí a las operaciones mediáticas al estilo Villa Rosa. Variable narrativa que siempre encontrará su versión más desquiciada y al límite en María Corina Machado. De la épica plástica al fratricidio interesado.

Porque aquí en esta de pronóstico en la que andamos medio país debe arrojarse también lo siguiente: al arrancar incompleto el espectáculo, sin la violencia especializada pura y dura, el porcentaje de garantía que debían cubrir los responsables (detenidos) ahora se abre como un vacío improvisatorio, como un juego de variables casi a diario.

Lo que sea para mantener el pacto narrativo y la medida indispensable de movilización necesaria que venda la fragua de la “toma de Venezuela” como un producto mediático de exportación.

Que esa es la otra vía para que la operación reciba respiración artificial. Y todo, en este instante, cuenta. Y narra también. Describe.

Acoso, enjambre y hostigamiento mediático: operación Villa Rosa

No es fácil de por sí mantener una “masa crítica” por una semana. Más aún cuando fueron abandonados en pie de guerra (en la calle), y lo que reciben como respuesta (seguid el ejemplo que Freddy Guevara dio) fue el tipo de explicación que darían unos animadores de plan vacacional que le aseguran a padres y representantes que los niños, de verdad verdad, se divirtieron.

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Pero para eso disponen de toda una batería. Y además con las fallas (comunicacionales y/o de seguridad) con las que nosotros tengamos a bien suministrarle. Y como todo en este instante político cuenta, y narra también y describe, cualquier incidente, no importe cuán confuso o microscópico llegue a ser, será empleado para la táctica de “acoso y derribo” (como diría Vázquez Montalbán) para seguir manteniendo, ahora por electroshocks, el relato del alzamiento con algo de vida.

¿Lograron ocultar el intento de golpe?

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Y así, el incidente del pasado 3 de septiembre en el estado Nueva Esparta muestra toda la anatomía del momento. Una parada del presidente Maduro en el sector Villa Rosa fue objeto de una acción de enjambre (swarming), una modalidad táctica de la guerra en donde se pierde foco de los actores que se enfrentan, busca abrumar el entendimiento y provocar un resultado. En este caso, mediático.

En el ámbito de la guerra no convencional cuentan tanto las acciones específicas como su correlato mediático. Y lo ocurrido en Villa Rosa no es una excepción. Esto se comprueba con la velocidad con la que el “hecho” se magnificó, se promovió, se estableció como “punto de análisis” definitivo que describe en un solo golpe la “desconexión” del Presidente y en el mismo envión, ahora sí, el fin del gobierno, de la Revolución Bolivariana y del chavismo. A partir de un hecho presuntamente microscópico.

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Pero el precedente queda, tanto por las cagadas propias como la voluntad incesante de acoso y persecusión.

Pero visto fuera de esos elementos, en todas las particularidades que reviste en tanto operación mediática (que hasta un operador está preso por la escenificación), ¿quién es quien anda tapando el sol con un dedo? ¿Lograron ocultar el intento de golpe?

Queda advertido que en este mes todo será una lucha milimétrica. Y que quedan recursos, y por lo tanto peligros en un mes que de suyo contiene bastante sustancia política concreta (fecha del 20%, resultados del G20, subida del precio del crudo venezolano…).

Es la geopolítica, estúpido (o el segundo aire de la respiración artificial)

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Una vez llevado al plano internacional, la urgencia por septiembre y la batalla de octubre también resguardan otros objetivos (y métodos) inconfesables para la dirigencia opositora. Todo está en franco e intenso movimiento cuando se lleva la situación venezolana y se contrasta con el plano global.

El comunicado de la MUD el 1S lo confirma como una de las (pretendidas) etapas cumbres de la movilización septembrina (en el marco de dos semanas): “llevar el llamado del pueblo venezolano a los gobiernos que ese día estarán reunidos en Venezuela en el marco de la Cumbre de los Países No Alineados”.

La supuesta “acumulación de fuerzas”, según el esquema, garantizaría que al día siguiente convoquen “la Toma de Venezuela, de 24 horas de duración, exigiendo la realización inmediata del Referendo Revocatorio”.

Que ese día, el 14 (un día antes de la realización de la Cumbre), echarán el resto. Dicen. Y se entiende: un nuevo intento de “revolución de colores” como la otra pata, junto a la guerra no convencional, de los mecanismos híbridos de “cambio de régimen”.

Pero si hasta aquí hemos abordado variaciones sobre evidencias generales, más aún se le saca para los próximos meses con el fondo global. Dentro de esa lógica política, septiembre es un mes muerto en materia de normalidad. Y ningún objetivo planteado se obedece linealmente, ni se trata de uno solo.

Pero lo cierto es que se trata de llegar con las mejores condiciones posibles (en términos de conquistas militares) para:

Irrumpir en la Cumbre de los No Alineados “exteriorizando” con los países cercanos a Venezuela “la crisis humanitaria” y la consiguiente necesidad del “corredor”.

Concentrarlo todo en llegar dominando la situación para las elecciones de noviembre en Estados Unidos, lo que consagrará una nueva ronda de compromisos, de lado y lado, y de acuerdo a la administración que se instale. Con el agravante que primero es una guerra primero de la MUD contra el gobierno, y luego entre los dirigentes dentro de la MUD.

La ofensiva interna que explotará en el seno de la oposición por quién cooptará el próximo año legislativo, sobre todo cuando quienes dicen querer el referendo ya no lo quieren, y quienes lo quieren para maniobrar políticamente ya no lo tengan, porque no será en 2016.

“Las intenciones de golpe se mantienen”, denunció González López

Actualización al cierre (urgente)

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Mientras se elaboraba esta nota, el director del Sebin, M/G Gustavo González López, ofreció una rueda de prensa donde denunció que el intento de perpetrar acciones violentas que coronen el proceso golpista que se tenían pensada para el pasado jueves 1 se trasladó, con otro actores, al escenario del 7 de septiembre que, oh casualidad, consistía en movilizaciones hacia las sedes del CNE a nivel regional.

Y lo develado hasta ahora apunta al estado Zulia como el posible centro del teatro de operaciones. Relató González que una transacción financiera, realizada el 29 de agosto, condujo a los servicios de inteligencia a la develación de una trama de mayor envergadura en la que confluyen operadores del Bloque Norte (formación paraca que opera en La Guajira colombiana) con figuras reconocidas como el diputado Lester Toledo y el activista Yorman Barillas.

Financiados por Toledo, Barillas, Juan Carlos Celedón (cabecilla del Bloque Norte) y Maglio Melián, lugarteniente de Celedón. Producto de una reunión en el hotel Kristof, en Maracaibo, se acordó la ejecución de acciones terroristas, toda vez que actores (detenidos) como Yovani Vásquez, Gerónimo González, Manuel González y Joel Méndez (hasta ahora) dispararían contra ambas manifestaciones el 1S.

Entre la primera reunión y lo pautado mediaron dos más. Producto de las averiguaciones, fue allanada la hacienda El Morrongo, en el municipio Carrasquero, donde fueron incautados armamentos, uniformes militares y documentos forjados. Toda vez que también se develaba que en el segundo piso de la conspiración operan tanto Álvaro Uribe como la dirigencia opositora, incluyendo al presidente de la Asamblea Nacional.

“Alertamos: estos factores pudieran ensayar la toma de parcialidades territoriales claves, como Maracaibo, capital de estado fronterizo”, denunció el director de los servicios de inteligencia desde su cuenta tuíter. A lo que podría agregarse que las regiones fronterizas son escenario privilegiado como dispositivo inicial de un conflicto armado general, tal como ha ocurrido en otros escenarios similares. Tampoco sería la primera vez que lo intentarían en Venezuela.

“Las intenciones de golpe se mantienen”, denunció. Y las revelaciones de hoy son las que llenan el silencio que quedan entre uno y otro grito tarimero que emitan un Chúo o un Freddy Guevara mientras pretenden vender un vulgar golpe de Estado como la movilización del milenio.

SEPTIEMBRE 5 DE 2016/ (análisis especial)
Misión Verdad

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