Frontera con Colombia

Frontera con Colombia

La frontera de la República Bolivariana de Venezuela con la hermana República de Colombia ha estado tan abierta siempre, que en suelo venezolano hoy viven registrados y documentados, más de seis millones de neogranadinos, sin contar los más de tres millones de indocumentados que transitan en nuestro territorio, en un vaivén que tampoco ha sido impedido a propósito del cierre fronterizo decretado por el gobierno que preside Nicolás Maduro.

Esta frontera común siempre ha sido dinámica, no solo por las relaciones familiares entre colombo-venezolanos, sino también, por las relaciones económicas y de intercambios, las que unas veces ha favorecido el comercio en el Norte de Santander, específicamente, a Cúcuta, Maicao y Río Hacha, mientras que en otras, los caseríos y pueblos del Norte zuliano y San Antonio en el Estado Táchira, además, es necesario recordar que hacia nuestra República se ha dado un desplazamiento de las víctimas del paramilitarismo colombiano, quienes han tenido que huir de la muerte segura, porque el gobierno colombiano no ha sido capaz de garantizar la vida y la paz a sus connacionales, a cuenta de que por más de cincuenta años, la oligarquía colombiana, apoderada del poder político, se ha mantenido ocupada preservando su hegemonía, a sangre y fuego, contra toda propuesta de izquierda o progresista, como se evidencia en la lucha contra los campesinos productores, camioneros, además de la guerra que nunca ha podido ganar contra las Fuerzas Armadas de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP) y en Ejército de Liberación Nacional (ELN), cuyas grandes víctimas únicamente se llaman “pobres”, afortunadamente, con la perspectiva de una paz duradera que apenas empieza a vislumbrarse con el cese bilateral y definitivo de hostilidades, que tanto sus connacionales y sus vecinos, apostamos porque no se rompa, por el bien de la vida y la paz, aunque el gobierno de EEUU con sus siete bases militares en suelo colombiano boicoteen este proceso, en el momento menos esperado.

Ahora bien, el gobierno revolucionario que preside Nicolás Maduro se vio obligado a cerrar la frontera, nada más y nada menos, que por las siguientes razones, entre otras tantas:

  • Desde suelo fronterizo colombiano se estaba lavando dinero en una centrífuga que absorvía billetes de bolívares cien (Bs. 100,oo) a cambio de ciento veinte en billetes de baja denominación, para lavar dinero del narcotráfico y grandes masas de dinero que compraba dólares robados en la red de los raspacupos y raspatarjetas, en donde además se triangulaban desde las ciudades de Cúcuta y Bogotá con Panamá y EEUU en la plataforma especulativa del Dólar Today, hecha con la firme intención de hacer grandes fortunas de manera ilegal e irregular, además de servir como arma política para quebrar la economía venezolana, con la mirada indiferente y el colaboracionismo de Juan Manuel Santos;

  • Desde Colombia y dándole un carácter legal, con el apoyo de Juan Manuel Santos, se estaba trasegando gasolina venezolana, para abastecer el mercado y consumo nacional en el Norte de Santander y el resto de departamentos vecinos, porque el precio dolarizado de la gasolina colombiana se hace inaccesible para la clase trabajadora neogranadina y contribuye con la inflación del vecino país;

  • Desde Colombia, Álvaro Uribe Vélez, con la anuencia del gobierno que preside Juan Manuel Santos, ha pasado contingentes de paramilitares para hacer una guerra de guerrillas contra el gobierno bolivariano, socialista y chavista, con crímenes atroces contra ciudadanos venezolanos y asesinatos selectivos contra políticos chavistas, tal y como hicieron contra Eliécer Otaiza y contra el joven diputado Robert Serra;

  • Desde Colombia, se ha financiado, entrenado y equipado a sectores políticos del oposicionismo, en estrecha relación con Juan Manuel Santos y Álvaro Uribe Vélez, con el único fin de derrocar a Nicolás Maduro Moros;

  • Desde el otro lado de la frontera colombiana, se institucionalizó el contrabando y bachaqueo en los estados fronterizos de Venezuela, para abastecer el mercado y consumo colombiano, porque de este lado los productos y, sobre todo, alimentos, son mucho mas económicos, dado que existen subsidios directos para el pueblo, hecho que el gobierno colombiano aprovechó, estimuló y apoyó, dado que el Estado colombiano ha sido incapaz de atender las necesidades alimentarias de su pueblo, como se evidencia en las muertes de niños por hambruna y “crisis alimentaria” no declarada convenientemente en la Guajira colombiana, en donde diariamente mueren de hambre y desnutrición niños desamparados, problema que convenientemente, no se ven, ni se discuten desde organismos internacionales, como la OEA o la ONU.

Y si seguimos enumerando antecedentes que obligaron al cierre unilateral de la frontera colombo-venezolana, no terminaríamos de escribir este texto. El caso es que a ambos países y ambos gobiernos, nos convienen las mejores relaciones de hermandad y las mejores relaciones económicas, que no pueden estar subordinadas al interés de Juan Manuel Santos y de Álvaro Uribe Vélez, de contribuir a derrocar al Presidente Nicolás Maduro, así como forzaron fallidamente por la salida del Comandante Hugo Chávez, quien aún está en la memoria colectiva y en los afectos de la mayoría del Pueblo colombiano.

Así que el show montado entre el gobierno que preside Juan Manuel Santos y los adecos, de dejar pasar a unas damas de blanco, muy bien puede revertirse, logrando que ellos tomen de su propia medicina. Es decir, muy bien que el gobierno venezolano haya permitido -después de la maniobra adeco-Santos- el paso de connacionales por doce horas hacia Cúcuta. Ojalá, compren de todo y regresen felices a los estados andinos y zulianos, fronterizos.

Lo anteriormente señalado, se sustenta en que los productores colombianos y sus burdeles necesitan del consumo de los venezolanos. Así de sencillo. Podemos restablecer las mejores relaciones fronterizas de comercio, intercambio y hermandad, si empezamos a respetarnos mútuamente, sobre todo, si Juan Manuel Santos depone su injerencia conspirativa contra Nicolás Maduro y si dejan de robarse la gasolina venezolana y la compran a precio justo internacional, además de que los productores y el gobierno colombiano se propongan abastecer de alimentos a los colombianos del Norte de Santander a precios justos y si enfrentan desde Colombia el tráfico de cocaína y marihuana. Sólo así, podemos avanzar en una frontera de paz.

Prof. Luis Pino

@l2pino2

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