JVR: El diálogo y el espejo colombiano

JVR: El diálogo y el espejo colombiano

“¿Hay que matarse primero para después dialogar?”

1 ¿POR QUÉ CONVERTIR EN UN TRAUMA algo de sentido común, que responde a un clamor nacional, como es el diálogo? ¿A qué viene esta pregunta? La formulo porque es inquietante -por no decir frustrante- que ante algo que debería unir a los venezolanos, divide; que en vez de sembrar esperanza, genera desilusión; que en lugar de estimular el optimismo se convierte en palanca para impulsar el pesimismo. Resulta inexplicable que gente con muchas horas de vuelo en la política; que conoce de sobra lo que representa el diálogo como recurso para encarar la violencia y crear condiciones para superar graves crisis institucionales y humanas, reaccione a la hora de concretar un proyecto con amplísimo apoyo nacional e internacional, sacándole el cuerpo al compromiso, invente excusas para eludirlo y descalifique a personalidades con suficiente crédito y probada imparcialidad por el solo hecho de auspiciarlo.

La mejor manera de destacar lo que sucede con el diálogo es mirarnos en el espejo colombiano. La larga guerra que padeció Colombia fue el resultado del manejo que la clase dirigente le dio a la política en el pasado, a la injusticia social y a la cruenta lucha partidista, que creó el caldo de cultivo que explica que el vecino país haya vivido durante 60 años de su historia sumergido en el ambiente tóxico de la guerra, con miles de muertos, crímenes horrendos, masacres, infinitas formas de degradar la condición humana y millones de desplazados. Ahora se firma el acuerdo de paz que el mundo saluda con euforia, donde, por cierto, la contribución venezolana fue fundamental.

2 ANTE ESTA CIRCUNSTANCIA LA PREGUNTA ES OBVIA: ¿acaso los venezolanos tenemos que aguardar a que la guerra se enseñoree en el país y que nos matemos para tomar conciencia de que con el diálogo los colombianos pudieron concluir un conflicto inacabable? ¿Acaso hay que matarse primero para luego dialogar? En Venezuela tenemos la oportunidad de ahorrarnos los horrores de décadas de conflicto bélico mediante la aplicación de la fórmula que hoy permite a Colombia salir del túnel de la violencia. El diálogo, por decirlo de alguna manera, hizo posible el milagro de la paz. Lo cual hay que exaltar para tomar conciencia de su pertinencia. Diálogo que urge más por la dinámica que a diario toma la polarización y la injerencia de múltiples factores internacionales en la política venezolana. Lo que también explica el rechazo al diálogo, abierto y soterrado, por un sector del país. Ya que éste impediría la materialización de los planes de agresión existentes. Venezuela no puede perder la oportunidad excepcional que tiene de superar la conflictividad que, está comprobado, suele desembocar en guerras que afectan a todos por igual.

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