La crisis y el referendo

La crisis y el referendo

Sixto Medina

Nada es tan urgente hoy en Venezuela como el referendo para revocar el mandato de Nicolás Maduro. Pocas veces en nuestra historia calaron tan hondo en el ánimo ciudadano el desaliento, la angustia, la inseguridad, el escepticismo, la sensación y el miedo- en suma- de que la amenaza de un derrumbe general pende sobre nuestras cabezas.

En el fondo, el régimen ha destruido la forma de gobierno democrático, al mismo tiempo, que ha alterado el orden constitucional privando de su facultad esencial de legislar a la Asamblea Nacional y de la vigilancia del desempeño del ejecutivo dentro del marco legal, lo que aparece como una suerte de un “fujimorazo”. Con el concurso de un sistema judicial, hace anular los actos y las leyes sancionadas por el poder legislativo. Mientras, sin someterse a control alguno ha venido erosionando gradual, sostenida y sistemáticamente las libertades fundamentales del hombre.

Percibimos a nuestro alrededor síntomas cada vez más alarmantes de descomposición social, moral, política, económica y cultural. Nos sabemos habitantes de un país fundido, quebrado, como el propio venezolano lo reconoce. Los ciudadanos perciben la justicia como abstracción, donde no existe el Estado derecho, sino la impunidad. Donde no existe la división de poderes públicos y la función de cada órgano administrativo del Estado. La ley no se cumple, los jueces no son los de la justicia sino del partido y jefe de gobierno. El partidismo ha tomado por asalto al Tribunal Supremo de Justicia para adaptar sus decisiones a la conveniencia, a lo que le es útil o provechoso, perseguir y encarcelar a disidentes políticos y despojar al ciudadano de todos sus derechos. La noción de la justicia ha quedado reducida a medidas arbitrarias que no corresponden a juzgar respetando la verdad, lo que debe hacerse de acuerdo a lo razonable, lo equitativo o lo indicado por el derecho para recompensar o castigar a la persona.

La crisis institucional de Venezuela demanda cambios inmediatos en las acciones del poder ejecutivo. La crisis humanitaria que vive el país afecta el goce de los derechos sociales de la población. La escasez de alimentos y medicinas acerca más rápidamente a un estallido social. Todos los días hay saqueos y protestas por falta de alimentos y carencia de los servicios básicos.

Maduro se ha colocado en una situación aún más vulnerable. Con total arrogancia ejerce el poder sin dar lugar a negociaciones, ha azuzado a la población con que se olviden del referendo, de que pueda llegar a darse esa posibilidad, a pesar de que el CNE dio el primer paso para activarlo.

La violencia que hoy hace estragos en Venezuela, podría incrementarse aún más si el régimen se deja llevar por el delirio de grandeza que ha prevalecido entre sus gobernantes. Sembrar permanentemente conflictos desde lo más alto del poder político, sólo contribuirá a elevar el nivel de conflictividad en la sociedad, cuando lo que se requiere para superar los graves problemas es todo lo contrario: ejemplos de convivencia política.

No hay motivo alguno para dudar que la solución para los problemas de Venezuela deba ser una solución bajo el supuesto de una paz interna que permita la integración de esfuerzos. Es a través de la canalización de métodos no violentos- normal, pacífica y civilizada- como debe darse el pueblo venezolano su gobierno y rechazar todo tipo de autoritarismo. Por eso es saludable que la Mesa de la Unidad haya puesto en marcha los mecanismos constitucionales y democráticos previstos en la Constitución para hacer realizable el referéndum revocatorio con el fin de que sea el propio electorado el que decida en las urnas el reemplazo del régimen autoritario de Nicolás Maduro. sxmed@hotmail.com

Expresa tu opinión

*