Luis Contreras el hombre del antídoto

Luis Contreras el hombre del antídoto

Lo llamaron loco porque fue el único en predecir la invasión que se avecinaba. El trauma colectivodespués de la tragedia de Vargas, en diciembre de 1999, había dejado a todos absortos, mientras recogían los pedazos de una ciudad que fue arrastradapor el barro. Cuando el resto aún miraba sobre el hombro, concentrados en ver todo lo que se había perdido, Luis Contreras tenía la vista puesta en el futuro, preocupado por lo que estaba a punto de salir de los escombros.

—Yo sabía que cuando la cosa se calmara, la gente empezaría a volver porque ahí tenían sus casas, sus trabajos, sus familias. Y cuando volvieran se iban a encontrar con las serpientes.

En una reunión en el Aeropuerto de Maiquetía, donde estuvieron presentes los ministros de Defensa y Sanidad, junto a otras autoridades encargadas de organizar los planes de seguridad tras el deslave, un cabo del cuerpo de bomberos se empecinaba en pedir la palabra. Tras mucha insistencia, los importantes asistentes le concedieron su atención. Contreras pidió que lo ayudaran a hacer un banco de sueros porque, advertía, en unos cuatro o cinco meses las serpientes, que en esos momentos estaban refugiadas bajo la tierra, iban a salir y ni los ambulatorios ni los hospitales estaban preparados para esa invasión.

Loco lo llamaron. Una vez más.

Pero él siguió insistiendo. Conociendo el poder de los medios, fue a las oficinas del diario ÚltimasNoticias. El periodista que lo atendió llamó al Instituto de Medicina Tropical para confirmar la teoría de Contreras y le dijeron que ese hombre estaba loco. Una vez más.

Pasaron los meses y la entrevista nunca salió. Contreras, quien jamás ha sido de los que le sobra la paciencia, se fue de nuevo al periódico a preguntarle al mismo reportero que lo atendió por qué no había publicado sus declaraciones. El periodista no dudó en responderle que sus fuentes le habían dicho que todo era una mentira.

Enfurecido, Contreras regresó el siguiente día a la redacción y dejó frente a la puerta dos serpientes cascabel.

“La Guaira, cundida de serpientes”, fue como terminó titulando la noticia el periodista, luego de que el director del periódico le ordenara publicarla. Entonces, comenzó el escándalo.

—Después de aquel trabajo, me llamó gente de Brasil, ellos sabían que eso era verdad y me mandaron una caja llena de sueros. La Fundación Polar nos regaló una neverita y un cheque para comprar 30 equipos de suero antiofídico a la Universidad Central de Venezuela. Así que limpié un espacio en el comando e hice una enfermería. Puse la nevera, me llevé unas cavas abandonadas, las limpié y ahí metí los sueros.

Costa Rica también se solidarizó con la cruzada de Contreras y envió sueros de coral. Por fin, el insistente bombero ya tenía su banco de sueros. Hasta que una nueva amenaza llegó y no precisamente de los escombros.

—En agosto del año 2000, llegó una orden de un tribunal para quitarme los sueros porque tenían, según ellos, que estar en el Hospital de Coche. Entonces, metí también una serpiente en la enfermería, donde guardaba los sueros y llamé al Diario La Verdad del centro del país. Cuando llegó el reportero, le dije al enviado del tribunal: “Si aquí se muere alguien, es culpa suya”. Así que se llevaron algunos sueros y me dejaron una gran parte.

Un mes antes se había cumplido la predicción. Las serpientes comenzaron a salir de los sanitarios, del capot de los carros, de las cloacas, de todos lados. En 90 días, Contreras atendió más de 250 mordeduras. Y ya nadie más se atrevió a llamarlo loco.

Después de casi un año atendiendo a centenares de pacientes en el centro del país, en 2001, lo llamaron por primera vez desde el oriente, por un caso en el Hospital Universitario Antonio Patricio De Alcalá, en Cumaná.

—Después de que Vargas recibió tanta ayuda, empezó a mandar ayuda a otros lugares. Desde allá enviamos sueros a otras partes del país que las requerían con urgencia.

El paciente de aquel caso era un muchacho de 21 años, estudiante de Ingeniería en la Universidad de Oriente, que fue mordido por una cascabel. Contreras envió presuroso un kit de sueros por avión y la prensa reseñó aquel acto que salvó la vida del joven. Luego, las llamadas llegaron de Barquisimeto y días después, de El Vigía. Desafortunadamente, para este último, los sueros no llegaron a tiempo.

—Entonces empecé a llevarlos yo mismo a donde los necesitaban. Desde ese momento he recorrido casi todo el país y parte de Colombia llevando sueros y salvando vidas.

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Parte de los sueros que utiliza Contreras son donados desde México, Costa Rica y Brasil como ayuda humanitaria

En 2002, cuando el presidente Hugo Chávez llegó a Catia la Mar para inaugurar la Universidad Nacional Experimental Marítima del Caribe, a Contreras, como miembro de la brigada de bomberos, le asignaron el manejo de una de las ambulancias que atendería el evento.

A las 2.00 de la tarde del día pautado, lo llamaron de un ambulatorio en Caja Seca para pedirle un kit de suero antiofídico para una niña de 7 años que había sido mordida por una serpiente. Elbombero llamó de inmediato al aeropuerto y consiguió un vuelo para llevar el suero.

Sin embargo, sus superiores no lo dejaron tomar el avión porque debía quedarse como chofer de la ambulancia que atendería el acto de Chávez.

Pasadas pocas horas, mientras Chávez cortaba una cinta tricolor en Catia frente a las cámaras y Contreras esperaba enfurecido en la ambulancia, la niña murió en el centro asistencial.

—Al otro día, Últimas Noticias tituló: “No dejaron ir al cabo Contreras y una niña murió por atender a Chávez”. Ese hombre cogió aquella rabia que, desde entonces, me dejaron ir a todos lados.

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En diciembre de 2005, Yésika Valero, de 7 años, se convirtió en la cara inocente de un problema cada vez más angustiante. Tras 16 días en la unidad de cuidados intensivos del Hospital General del Sur, la pequeña, que fue mordida por una serpiente mapanare, murió porque no pudo suministrársele un antídoto a tiempo debido a la escasez de sueros que existe en Venezuela. Su muerte sirvió para activar el proyecto para la fabricación de suero antiofídico en la Universidad del Zulia y así evitar que otros decesos como el de Yésika se sigan produciendo.

—Aún seguimos luchando para que nos den recursos para producir suero. Ya el proyecto está bastante adelantado pero en infraestructura y equipos falta mucho por concretar.

En Venezuela, de acuerdo a Contreras, se reportan unas 8 mil mordeduras de serpientes al año, pero hay un subregistro que puede pasar los 12 mil casos. El Zulia, junto a Barinas, tiene la tasa más alta.

Las cifras son preocupantes, pero más lo son las historias que hay detrás de cada número.

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Angenny Salas, de 33 años, ingresó al Hospital Universitario de Mérida, el lunes 11 de julio, a las 10.00 de la mañana. Un par de horas antes, la mujer había sido mordida en el pie derecho por una serpiente rabo amarillo, mientras barría el patio de su casa, en Encontrados, municipio Catatumbo.

La doctora Rosa Delgada, médica de guardia que la recibió en el hospital, solicitó a través de la red de emergencia los sueros antiofídicos necesarios para tratarla, pues no contaban con insumos en todo el estado.

El receptor de guardia de inmediato contactó al teniente Contreras, que hoy ejerce dentro del cuerpo de Bomberos del INEA, para trasladar los antídotos hasta la ciudad de Mérida.

Cada vez que recibe una llamada, en la madrugada, al caer la noche, o en medio del día, Contreras reacciona de la misma manera. Se arregla su uniforme, guarda una franela y un interior en su maletín y deposita en una pequeña cava gris los sueros que ha de entregar.

Contreras no dispone de una unidad de transporte para llevar los sueros dentro o fuera de la ciudad. Su medio es la generosidad ajena y la buena suerte que se tropieza en el camino. Con un caminar presuroso, muy característico de él, llega al Puente Rafael Urdaneta, donde los funcionarios de turno de la Guardia Nacional lo saludan con familiaridad. Casi todas las semanas, Contreras llega, con su cava y maletín en mano, al puente a pedir una cola que le permita llevar el antídoto que una familia desesperada aguarda en una sala de espera.

Cada tanto, Contreras mira el reloj de su muñeca y frunce el ceño. El tiempo es su principal enemigo. A partir del momento de la picadura, tiene de 6 horas para hacer llegar el suero antiofídico al paciente, antes de que aumente la posibilidad de que sufra alteración del sistema de coagulación sanguínea, hemorragias, insuficiencia renal, paro cardio-respiratorio o la muerte.

—En el camino, me he encontrado inundaciones, choques, protestas, largas esperas para encontrar una cola… A veces llego a tiempo. A veces tienen que amputar al paciente. A veces muere.

Hasta los años 90, se reportaban unas 350 muertes por mordeduras de serpientes cada año. En la última década, el número no llega a 60. Sin embargo, Venezuela es el segundo país del mundo con más casos de mordeduras en relación al número de habitantes, después de la India.

En 2012, Contreras fue postulado ante la Unesco por la Universidad de Los Andes y la Universidad del Zulia como “embajador voluntario y genuino en la lucha para evitar muertes innecesarias por mordeduras de serpiente en Latinoamérica”.

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En 2012, fue postulado por la ULA y LUZ ante la Unesco como “embajador voluntario y genuino en la lucha para evitar muertes innecesarias por mordeduras de serpiente en Latinoamérica

Cuando era un adolescente, Contreras vivía cerca de la entonces recién inaugurada Circunvalación 2. Cada vez que había un accidente en la autopista, salía corriendo, con lo que llevaba puesto, a rescatar a los heridos que yacían sobre el pavimento. Pero incluso en ese momento, cuando se dedicaba a estudiar y hacer tortas para vender en el liceo, nunca imaginó que su vida sería la de un bombero trotamundos que recorre los lugares más recónditos del país en cola para llevar un antídoto.

Hoy, ese hombre de 61 años no tiene vida social, ve poco a su esposa e hijas y duerme como los médicos: con el teléfono a un palmo de su oreja para atender, en medio de la noche, cualquier emergencia. La misión que él ha asumido como suya, nació de una tragedia en 1999 pero se extendió a miles de pequeñas calamidades que surgen en la cotidianidad.

Se dice que Maracaibo, el lugar donde Luis Contreras nació y donde reside hoy día, viene del vocablo indígena Maara-iwo, que significa “lugar donde abundan las serpientes”. Todavía, este particular hombre terco y enérgico parece ser el único concentrado en las criaturas que se resguardan en las entrañas de la ciudad de fuego. Sin embargo, ya muy pocos se atreven a llamarlo loco.

El teniente Contreras lleva una cámara compacta a todos lados para registrar los casos que asiste

El teniente Contreras lleva una cámara compacta a todos lados para registrar los casos que asiste y enviar fotografías a la prensa

 

La Universidad del Zulia lo nombró parte de su acervo científico gracias a los aportes que ha hecho en investigaciones de campo

La Universidad del Zulia lo nombró parte de su acervo científico gracias a los aportes que ha hecho en investigaciones de campo

Estefanía Reyes

Fotos: David Contreras

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