Rescatar la Nación para reconstruir la República

Rescatar la Nación para reconstruir la República

Sixto Medina

      Éramos la promesa de un mundo nuevo. De un destino de plenitud. Vivimos hoy la decepción para los que creyeron en el seguro futuro de una república próspera y libre. Malogramos los frutos de una nación que forjó con ahínco su confiada esperanza.

Venezuela es un gran proyecto de ser y hacer cuyos necesarios cimientos sociales han sido socavados por una confluencia de factores que han quebrado la solidez de sus instituciones, la responsabilidad de sus gobernantes, la vigencia del Estado de derecho; en suma, se ha erosionado la fe pública, sobre cuya confianza debiera reposar el devenir de la nación.

La epopeya de construir el país que soñaron los fundadores de la patria convocó a millones de seres humanos que vinieron de muchas partes del mundo para compartir el brillante porvenir que auguraba el proyecto que lo quiso todo y pronto. Éramos el anunció de un gran país y de una gran potencia, el lugar privilegiado por la geografía y por la energía vital de un pueblo emprendedor y culto; logramos sobresalir por el grado de desarrollo de la ciencia, de la cultura y de las letras. Pero un error incomprensible interrumpió el camino de este pueblo, ávido de modernidad, de adelanto tecnológico y de ideas que abrieron su conocimiento pero oscurecieron su conciencia.                                                                                                                       

Venezuela tierra de “promisión”, país “granero”, país “petrolero”, ocupa ahora un lugar emergente conjetural en el ánimo de los venezolanos, como si, engañados por el camino de las sirenas, hubiéramos caído al abismo, sin comprender siquiera la declinación de nuestra razón.

La patria no ha fenecido: está acongojada. Los que tenemos la convicción de saber quiénes somos como nación estamos de pie y somos una multitud. Los paradigmas que inspiraron el hacer colectivo del pueblo no desaparecieron: han sido burlados por la impostura de los que relegaron el bien común y la justicia para sustituirlos por un régimen autocrático, militarista, su avidez de poder y el egoísmo de su corrupción moral.

El colapso que hemos sufrido como país exige de todos los venezolanos el esfuerzo prodigioso para que se realice este mismo año el revocatorio; de rescatar nuestras reservas morales y creativas para reconstruir, sin duda sobre otras bases, el gran proyecto de una nueva República soberana y prospera. Tenemos el ejemplo de Estados destruidos por la guerra que han podido reorganizar su reconstrucción en pocos años merced a una inteligente acción colectiva. Ha llegado el tiempo de aceptar el dramático desafío de reconstruir nuestro país. Ha llegado el tiempo de asumir los errores, de repensar lo que somos y lo que podemos ser.

Esta prueba a la que las circunstancias nos enfrentan no podrá ganarse sin antes efectuar una reflexión sobre los hechos colectivos que nos han llevado a las frustrantes circunstancias del presente. Abordar las razones culturales será tan esclarecedor como analizar los errores políticos; descubrir el motivo de las recurrentes crisis financieras o las alternancias de crecimiento y estancamiento productivo será tan imperioso como indagar las causas de un débil sentimiento de pertenencia o responsabilidad patriótica, que se comprueba en la conducta de una gran parte de la dirigencia venezolana.

Corregir el mal exige señalarlo con honestidad. Omitir la retórica de un discurso desvinculado del país real, restaurar la fe pública para recobrar la confianza. Sin valores éticos no hay democracia.

Debemos rescatar la Nación para reconstruir la República. Devolver la dignidad a cada venezolano,  es el objetivo inicial de la acción política, porque su finalidad no puede ser otra que la justicia social y la felicidad de todo ser humano. La República venezolana está huérfana de ideales, la Nación debe rehacer su morada. sxmed@hotmail.com