¡Resistencia!

¡Resistencia!

Rueda un video por Internet muy bien hecho sobre los jóvenes que se hacen llamar “la resistencia”, al verla se te erizan los pelos y dan ganas de salir y acompañarlos en sus acciones de calle, pero al pasar la emoción y volviendo a la realidad, lamentablemente la experiencia histórica  nos dice que la violencia no nos llevará a nada, por lo menos a nada bueno. También hay algunos que promueven estas acciones y creen que con esto quebrarán a quienes detentan el poder, lo que me parece algo más que una ingenuidad.  Les recuerdo que sin ir muy lejos en la historia de nuestros pueblos, y al ver las diferentes  experiencias en nuestro continente,  solo debemos voltear la mirada hacia la hermana Colombia, un pueblo que aprendió a vivir por años sometido al terror de grupos paramilitares, capos de la droga, guerrillas, asesinatos selectivos y ataques terroristas en sus ciudades más importantes, y a pesar de ello el pueblo colombiano y sus diferentes gobiernos, por más de 50 años aprendieron a convivir y seguir existiendo en medio de la violencia y de toda esa desgracia que les ha tocado vivir, no hubo otra forma de existir para este pueblo hermano que el amoldarse  y adaptarse a la violencia y al terror.

Me temo que estemos caminando hacia el mismo destino de nuestros hermanos colombianos, que a pesar de toda esa violencia que les tocó vivir lograron por muchos años sobrellevarla y vivir en medio de ella realizando sus actividades cotidianas, pero bajo el miedo y el temor de no saber si serían los próximos en caer en la refriega.

Haciendo un paralelo a lo vivido por los colombianos, pareciera que ya nos estamos acostumbrando a contar los muertos de la refriega callejera que se dan en las manifestaciones, de jóvenes que pierden su vida sin razón, al igual de como nos acostumbramos a las cifras de muertes los fines de semana por causa del hampa; solo son un número más en las estadísticas, pareciera que esa es la suerte que les espera a estos muchachos que se hacen llamar “la resistencia”, un dolor compartido, ya que podrían ser nuestros hijos.

Tal vez luego nos acostumbremos a los ataques terroristas, a la puesta de bombas y atentados contra personalidades de alguna relevancia; por cierto no sería nada difícil, ya que contamos con los sicarios necesarios para realizar esas acciones, y a este tipo de violencia delincuencial también nos hemos acostumbrado.

Hoy veía a grupos de bachilleres en caravanas con mucha emoción, en medio de equipos de sonidos a todo volumen festejando sus éxitos, pareciera que hay dos Venezuela, la de Altamira y la otra, la real, la de los millones de venezolanos que siguen con su vida, y se adaptan a las circunstancias, que amoldan sus horarios y actividades, y cambian sus rutas para no encontrase con las manifestaciones en las calles, y de esta forma consiguen seguir existiendo y viviendo, es por ello que digo que corremos el riesgo de acostumbrarnos a la violencia política, ya que a la delincuencial nos hemos acostumbrado.

También debemos recordar que en estado de guerra generalizado no existen derechos humanos, y son estos los momentos donde la ley de la selva gobierna, son momentos en donde afloran los peores sentimientos humanos, para muestra un botón, allí vemos los videos que evidencian la saña con la cual los cuerpos de seguridad actúan y reprimen, pareciera que lo disfrutaran, pero también del otro lado, cuando queman a seres humanos por tener un color de piel diferente o parecerse al contrario, y se pretende tomar la justicia con sus manos, son estos los momentos en que triunfa el salvajismo y la barbarie, momentos en que los ejércitos opresores toman el control y se hacen más fuertes y eficientes en la represión y la tortura.

A esto tendremos que enfrentarnos también, y aprender a vivir con ello, ojala no nos acostumbremos a la represión desmedida y podamos parar esto a tiempo, ya que pareciera que el dicho popular de “nadie aprende en cabeza ajena” se impone en nuestra sociedad, ya que con tantos ejemplos seguimos cometiendo los mismos errores.

Demócrata convencido, por ello me dedico a impartir clase en la universidad, con el fin de crear mejores ciudadanos, no creo en transformaciones cupulares, los cambios sólo se dan si somos mejores, y para ser mejores sólo hay que querer

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