Santiago Díaz: La bolsita contra el lobo

El año pasado se activaron planes de entrega de tabletas a estudiantes universitarios y taxis para quienes se comprometieran a usarlos solo para ese fin y no para venderlos.

Las quejas por estos planes venían desde el chavismo. La oposición, en cambio, seguía con lo suyo: esconder a sus candidatos para que nadie viera que eran una parranda de impresentables, “Abajo, a la izquierda…” y listo. Es más, hasta nos sacaron la lengua en las redes sociales con estudiantes universitarios que se tomaban fotos con las mismas tabletas que les dio el Gobierno mostrando el logo de la fulana unidad. Las tabletas y los taxis, podemos asumir entonces, no les hicieron ni cosquillas. También parece sensato asumir que no movieron un solo voto en las elecciones parlamentarias que se acercaban.

Pasa todo lo contrario con las comparativamente humildes bolsitas de los CLAP. La guerra contra aquellas bolsitas es abierta, con todas las armas que el enemigo tiene a su disposición, sin misericordia y sin descanso. Economistas, sociólogos, psicólogos, nutricionistas y hasta el nefasto señor Almagro, todos disparan contra aquellas bolsitas con una rabia que no se veía desde hace más de 10 años. Y es que debemos recordar que, más o menos desde 2006, la línea ha sido atacar al Gobierno, pero no a los programas sociales. Cabe entonces la pregunta, ¿qué tienen los CLAP que no tienen las tabletas, los taxis o la mismísima Gran Misión Vivienda Venezuela? ¿Por qué atacan a los CLAP con tal virulencia?

Las crisis sacan lo peor de la gente. Eso es cierto. Pero también sacan lo mejor. Todos tenemos una anécdota sobre alguien que, a cambio de nada, le ofreció una medicina a un desconocido después de que en la farmacia le informaron que no la tenían. Aquel tan condenado trueque, más que la experiencia paleolítica que nos vendieron cuando Chávez habló de él, se ha convertido en una forma de solidaridad, inclusive entre la clase media. En tiempos difíciles se despierta el lobo aquel del cual hablaba Hobbes, pero también se levanta una fuerza que se le opone y hasta lo contiene. Las historias para ilustrar esta idea no son pocas.

Los CLAP le dan un orden, un objetivo y los recursos necesarios a esa fuerza que mantiene a raya al caos que la derecha espera que reviente uno de estos días. La bolsita, aunque ellos no lo admitan y hasta lo nieguen, trasciende al paternalismo y se acerca más a los primeros meses de la Misiones Barrio Adentro y Robinson. A pesar de las fallas que puedan observarse, quienes se organizan para registrar un CLAP no lo hacen por una beca, por ambiciones ni individualismos.

La bolsita puede, si sigue como va, derrotar al lobo con el cual ellos estaban contando. Por eso están desesperados.

@letradirectasd

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