Santiago Díaz: Manual para armar una narrativa

Santiago Díaz: Manual para armar una narrativa

Una de las mañas más curiosas que tenemos los seres humanos es la tendencia a, en los momentos más complicados, refugiarnos en nuestras propias mentiras.

Le damos una explicación absurda a una realidad, la creemos y seguimos caminando hacia el precipicio. Les aseguro que la mayoría de los fumadores le echan la culpa de aquella característica tos a cualquier cosa menos al cigarro.

Es más, me pasó: no podía caminar 50 metros sin ahogarme, mi capacidad pulmonar era un chiste, pero yo insistía en culpar al clima, a esto, a lo otro, cualquier cosa con tal de poder seguir aferrándome a la nicotina con la consciencia tranquila.

Es por eso que, hasta no tener más información, no me atreveré a decir si la señora aquella de la prominente papada que salió en un video diciendo que estaba pasando hambre lo hizo solo por el dinero o si en verdad creía lo que estaba diciendo. Lo más probable es que ambas explicaciones sean ciertas. Lo indudable es que, a pesar de todas las condiciones metabólicas y hormonales que existen, son reales y muchos las padecemos, es imposible luchar contra el hambre y la obesidad al mismo tiempo. La primera al final siempre gana. Pregúntele a un endocrinólogo o a un nutricionista: usted puede estar mal alimentado y ser obeso (y generalmente ése es el caso), pero no puede estar desnutrido y gordo.

En esta coyuntura, no nos debe sorprender que la maquinaria mediática se empeñe en agarrarse de narrativas que no tienen pies ni cabeza, pero llegan a un público cautivo y lo mantiene angustiado porque, para los intereses que tienen los ojos puestos en Venezuela, alguien angustiado es básicamente lo mismo que alguien activo. Así funciona la política fachorra desde que se mudó al ciberespacio. No importa si todas las encuestas dicen que el pueblo rechaza cualquier forma de violencia, ellos igual seguirán vendiéndonos la idea de que el saqueo prepago es heroico porque “¡Hay hambre!”. Les da igual que la mayoría rechacemos el hecho y hasta sepamos (o creamos, da igual) que todo es parte de un plan macabro. Lo importante es hacer bulla en las redes sociales.

Y es que, así como no falta quien preso de la angustia y también del odio, se preste para ser antena repetidora de tales mentiras, tampoco faltaban hace unos años quienes insistían en la hipótesis de que Fidel planeó el Caracazo durante los dos o tres días que estuvo aquí para la toma de posesión de Carlos Andrés Pérez. Es curioso cómo una mentira crece mientras nadie la ve, da la vuelta en U y termina formando parte de otra mentira que ensalza aquello que supuestamente pretendía rechazar al principio.

Es importante entender todo esto para que, independientemente de las dificultades, no caigamos en sus trampas.

LETRA DIRECTA/Jul 07, 2016

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