EN BUENA LID N° 5 / Joao Da Silva

Saludos a la gran familia venezolana. La sensibilidad docente hoy, más que nunca, me convoca a mencionar extractos del glorioso “Himno al Maestro”. En primer lugar, en el coro cuando se entona la frase “…al maestro a quien debemos especial veneración”; luego en su segunda estrofa, que pregona “Oh, mentor de nuestra infancia / con tesón, celo y constancia / de abnegado profesor; / cuan amable, cuan afable / en la escuela lo encontramos / que en retorno lo pagas con amor”. Vaya contradicción entre lo contenido en el himno y la actual realidad de los educadores en el país. Históricamente, el maestro venezolano se ha caracterizado por su espíritu de lucha y su vocación de servicio.

El 25 de enero de 1932, en pleno gobierno gomecista, se creó la Asociación de Maestros de Instrucción Primaria. En 1936, se transformó en la combativa Federación Venezolana de Maestros, que defendió a la pedagogía nacional contra la imposición de modelos educativos extranjeros. Desde entonces, los educadores jugaron un papel importante en ámbito social y político, participando en movimientos de lucha organizada, para el derrocamiento de la dictadura perejimenista e imponer la democracia en Venezuela.

En pocas palabras, el papel del maestro no sólo radica en atender estudiantes en el aula de clases, sino que ha logrado llevar su labor más allá de los muros de la escuela. Ahora, resulta que en el país existe una dolorosa realidad en la vida de los educadores de nuestros tiempos. El maltrato al docente se ha puesto de moda en diversas formas y modalidades. En primer lugar, resalta el terrorismo laboral, que es disfrazado por los “jefes” como una medida de obediencia, orden y disciplina; por aquello de “quien no haga caso es un terrorista”.

Le siguen, las miserables condiciones de trabajo, tanto en la infraestructura de los planteles, la dotación en general como en el trato laboral recibido. Continúa, el pobre salario y los míseros bonos recibidos. Y remata, la salvaje agresión recibida por los cuerpos de seguridad, por las bandas de choque y por los denominados colectivos armados, cada vez que se intentan realizar protestas justas para exigir, entre otras peticiones, el mejoramiento de las condiciones de trabajo y un salario digno.

En pocas palabras, es lamentable reconocer que en Venezuela no es respetada ni enaltecida la labor docente. Al parecer, para quienes corresponde gerenciar la educación en el país, ser educador significa ser un funcionario de segunda o menos categoría, que no merece recibir trato digno a pesar de su alta y delicada misión. A esa gente que humilla y descalifica al docente, basta recordarles lo expresado por Simón Rodríguez: “El maestro de un niño debe ser sabio, ilustrado, filósofo y comunicativo, porque su oficio es formar hombres útiles para la sociedad”.

En lo personal, manifiesto que la condición docente nunca se pierde, aun estando jubilados o ejerciendo funciones diferentes. Colegas educadores, les exhortó a dignificar día a día nuestra profesión, demostrando con hechos puntuales la vocación de servicio y el constante deseo de superación profesional. De esta manera, lograremos ser honrados, enaltecidos y tratados por nuestro pueblo, como los más preciados ciudadanos de Venezuela.

Con fe, esperanza y optimismo venceremos las sombras. Hasta la próxim.

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