EN BUENA LID N° 6 / Joao Da Silva

Saludos a la gran familia venezolana. Hoy me reencuentro con el Litoral Central venezolano. Mi memorable tierra natal, región de vasta historia, con esplendorosas bondades naturales y gran diversidad de manifestaciones culturales.

Un generoso territorio que siempre será reconocido como el glorioso estado Vargas. Con el rio Maya al oeste y el rio Chuspa al este, ocupa 1.496,5 km2 de superficie y 170 km de costa, brindando aposento a más de 340.000 habitantes, lo cual significa el 1,18 % de toda la población nacional.

Siendo el estado más joven en la división político territorial de la nación, acumula relevantes episodios precolombinos y preindependentistas, dignamente reflejados en la historia de Venezuela.

La región litoralense también se ha caracterizado por fenómenos naturales que en ella han ocurrido, lo cual es motivo de reflexión para quienes lo catalogan como ciclos eventuales, que sólo ocurren en períodos determinados. He aquí un grave error. Conceptualizar acontecimientos de la naturaleza, como situaciones propias que suceden en una región de alto riesgo.

Pero la verdad es otra. Por diversas razones, se ha tratado de ocultar, ignorar o maquillar, que son procesos naturales de evolución para establecer un equilibrio dinámico en el relieve, los cuales han ocurrido desde hace muchísimos siglos en todo el planeta.

En pocas palabras, nuestro territorio fue habitado a lo largo del tiempo, de manera anárquica e irracional, irrespetando las condiciones de riesgo y peligro. Los desarrollos residenciales, comerciales y de diversa ocupación, han sido y continúan siendo construidos, tanto por entes públicos como privados o mixtos, en zonas indebidas, vulnerables o de alto riesgo.

No se justifican, inversiones paisajísticas, recreativas y residenciales, en cauces naturales o que sirven de drenaje para riachuelos, aguas de lluvia o aguas servidas.

Recientemente, como consecuencia de la tormenta tropical Karen, el estado Vargas se vió afectado por el efecto de la lluvia incesante durante dos horas y media, lo cual ocasionó colapso vial por el desbordamiento de quebradas, torrenteras y alcantarillado obstruido.

Además, hubo cortes del fluido eléctrico y daños materiales por deslizamientos en viviendas humildes, ubicadas en zonas decretadas por las autoridades como vulnerables, cuyos habitantes aún no han recibido respuesta alguna, para ser dignamente reubicados.

Asimismo, en la vía ubicada frente a la publicitada Cinta Costera, hubo un impresionante represamiento de agua de lluvia con lodo, ocasionado por el ineficiente diseño de un sistema de drenaje o canalización adecuado, durante la construcción de ese espacio recreativo. Lo más preocupante fueron las declaraciones ante la prensa del mandatario regional, al manifestar con beneplácito, que no había ocurrido nada que lamentar.

Dando a entender, que a pesar de la cantidad de lluvia caída, no hubo desastres ni fallecidos. Acaso no son víctimas, los habitantes de las casas derrumbadas, las familias afectadas por el apagón prolongado en diversas parroquias y la población que sufrió las consecuencias del colapso vial, ocasionado en la mayoría de los casos por falta de previsión oficial y negligencia de quienes lanzan desechos o escombros en quebradas y diques.

La población varguense debe considerar permanentemente, qué a pesar de los innovadores avances científicos y tecnológicos en materia meteorológica y sísmica, continuamos siendo vulnerables ante el poderío de las catástrofes naturales.

La única opción valedera es prevenir y no lamentar. Con fe, esperanza y optimismo venceremos las sombras. Hasta la próxima.

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