Giorgio Taurchini: un italiano que llegó a Venezuela para servir

Giorgio Taurchini es uno de los primeros técnicos de máquinas de café espresso que llegó a Venezuela para servir en los años 50, trayendo modernidad y tecnología al país. Sigue activo y su empresa, Grupo Giorgio, celebra 60 años este mes

Sabrina Troconis.- El país acogió a una ola de inmigrantes llenos de sueños, y sobre todo, trayendo un poco de sus culturas a las tierras venezolanas, como lo hizo Giorgio Taurchini.

¡Un cachito y un café espresso por favor! fue una de las frases que instauraron y que, poco a poco, se convirtió en una tradición en los desayunos de los venezolanos. Los portugueses se relacionan con la panadería y los italianos con el café espresso.

Giorgio es un italiano de 87 años de edad, que desde los 13 años se dedicó a trabajar. Llegó a Venezuela desde Roma, para servir en modernidad y tecnología relacionada con el café.

Perteneció a la primera camada de técnicos de la empresa importadora de máquinas de café, Gaggia,  traídos a Venezuela para instalar y enseñar cómo utilizar las máquinas de espressos. Trabajó para ellos 7 años y luego decidió emprender con su propio negocio importando repuestos, lo que ahora conocemos como Distribuidora Giorgio.

Taurchini es el pionero de las tres generaciones de Distribuidora Giorgio, en sus inicios llamado Taller Giorgio. Luego su hijo Stefano y sus nietos, se encargaron de engrandecer y evolucionar la empresa, logrando que cumpla hoy su 60 aniversario.

Giorgio, su hijo Stefano y sus nietos Claudio y Alessandra. Foto: Daniela Salazar

El nonno Giorgio es un señor encantador, risueño y cómico al contar las sus anécdotas. Bienmesabe pudo  hablar con él sobre sus recuerdos, en torno al café, al llegar a Venezuela.

Lo que más marcó a Giorgio

En Caracas, en aquella época, los bares o botiquines, como se les decía, empezaron a instalar máquinas de café. Giorgio afirma que vendieron muchas en esos locales.

«En el interior tenían esas puertas tipo far west (lejano oeste americano), que era obligatorio tenerlas por ley, porque no querían que se vieran los borrachos. En esa época los portugueses comenzaron a hacer los botiquines», dijo.

Foto: Puerta tipo «far west», cortesía de Pinterest.

Recordó que el café más barato lo vendía un famoso chino, al lado del correo de Carmelitas. «Vendía el café a un medio».

Se le quedó grabado el sonar de las campanas de la Catedral de Caracas. Trabajaba de noche instalando máquinas cerca de la Plaza Bolívar y a cada cierta hora retumbaba en sus oídos. «En ese local el servicio lo tenía que hacer de noche y siempre escuchaba las campanadas hasta las tres de la madrugada».

Tenía otro cliente en San Martín. En Plaza Capuchinos había un café italiano que trabajaba de noche. «Cuando le vendimos la máquina a ese señor, un par de veces tuvo problemas con ella, y teníamos que ir hasta allá a las 10 y 11 de la noche».

A su gusto, el mejor café era el de Vomero, en La Carlota. Y lo reconoce incluso sin haber sido su cliente pues nunca le pudo vender su máquina porque tenía la de la competencia, Faema. Dice, riendo, «lo intente pero no pude».

Cómo se hacía el café

Cuando llegó a Venezuela, el café se preparaba colado en una media. El café se ponía dentro de ese  embudo de tela y se le echaba agua caliente.

Este método se sigue utilizando pero en las casa, no en las cafeterías.

Las máquinas italianas trajeron modernidad. Revolucionaron al mercado y facilitaron el trabajo de muchos locales.

El mejor tostado es como la túnica de un fraile

Al llegar a Venezuela, uno de sus primeros clientes fue café San Antonio. Giorgio nos explica que eran unos italianos exportadores de café del norte de Europa, que luego dos hermanos de ellos, se vinieron a Venezuela. Pudo saber cuál era el punto perfecto con ellos.

«Mi café hay que tostarlo hasta que tenga el color de la túnica de un fraile», le decía uno de los dueños de Café San Antonio a Giorgio.

La túnica de un fraile se refiere a que tiene que ser un marrón ni muy oscuro, ni muy claro. Para él sigue siendo el mejor nivel de tostado.

En casa de herrero… «No tomo café»

Ente risas comenta que nunca le ha gustado el café. De niño lo consumía pero cómo se lo preparaba su mamma: al café le ponía un huevo batido con azúcar.

«Cuando yo instalaba la máquina y me ofrecían un café, yo pedía ‘un Orange Crush, mejor, por favor’. Me gusta el dulce», dice con picardía, como un niño travieso.

Si Giorgio llega a tomar un café, es porque le ha añadido Fernet,ese licor amargo digestivo. En Italia llaman a esta mezcla Caffe Corretto. que podría traducirse en «café corregido». «Se le echa medio vasito de licor digestivo. Muchas veces lo toman después de las comidas«.

Giorgio Taurchini confiesa que nació para servir. Su nobleza nos la trasmite a través de sus palabras tan simples y cálidas, diciendo: «Mi primera cosa, además de trabajar para sobrevivir, es servir a la comunidad». Afirma que siempre se pregunta qué está haciendo para ayudar a los demás.

La historia y trayectoria de Distribuidora Giorgio se puede apreciar en una antigua entrevista que le realizó Bienmesabe a su nieto Claudio Taurchini y la puedes encontrar aquí. En ella se cuenta la vida de constancia y esfuerzo de esta empresa que modernizó y elevó la forma de tomar café en Venezuela.

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