11 de Abril, el fracaso de la plutocracia

Por, Brayann Baptiste.- La historia política venezolana revive con pesar lo que comenzó como una agitación popular ante las prematuras pretensiones del entonces mandatario Hugo Chávez de imponer un proyecto hegemónico y estatista dándole carácter legal. En principio hubo una sinergia entre partidos políticos, asociaciones civiles, empresarios y la jerarquía eclesiástica con el fin de confrontar al segundo intento antirrepublicano, esta vez tratándose de un decreto justificado por la Ley Habilitante que violaba los criterios gerenciales de la petrolera estatal venezolana. Ese 11 de abril se da una gran manifestación que comenzó con objetivos reivindicativos y a mitad de camino la gran meta se convirtió en exigir a Chávez la salida del poder, los ánimos caldeados condujeron a un masivo enfrentamiento de gran escala con un significativo y lamentable números de heridos y muertos.

Aparentemente chavez renuncia al cargo, según extraña versión de Lucas Rincón. Lo que parecía ser un proceso de democratización se convirtió en el avance de la radicalización política, sectores plutocráticos intentaron desplazar a los partidos políticos y gremios venezolanos para instaurar un “nuevo gobierno” en manos del entonces presidente de Fedecamaras, Pedro Carmona, quien adopta una actitud autoritaria y promueve un decreto contrario a todo el sistema legal venezolano. La esperanza duro poco, las ansias de poder, el revanchismo y la intolerancia fueron los grandes obstáculos de ese proceso político.

Este mal sabor histórico debe servir de como referencia de cara a una posible transición, en primer lugar habrá democratización hasta que haya restitución total de garantías, es decir, en medio de la construcción democrática existe un latente temor de reversión autoritaria o cohesión de la coalición gubernamental. Académicos han recomendados a actores de la oposición, según la experiencia vivida en otros procesos políticos, jugar en todos los campo de la política, superar las diferencias entre dirigentes, tender puentes, promover incentivos a factores que soportan al régimen y evitar posturas maximalistas con alta probabilidad de frustración.

Luego de 18 años la reflexión nos obliga a comprender que un cambio político no depende de un solo hito o de una batalla final, ni de la mera voluntad de la mayoría de un pueblo, es necesaria la conjunción entre planificación, estrategia, movilización y organización.

El Cooperante | 11 abril, 2020

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