Eduardo Fernández /// Resucitó

El Señor resucitó. El domingo pasado el mundo cristiano celebró la más grande de todas las fiestas: la Resurrección del Señor.

Si el Señor no hubiera resucitado “vana sería nuestra fe”, como dice San Pablo. No tendrían sentido la vida y las acciones de Jesús en la tierra si no hubiera habido la resurrección. Esa fue su promesa. Así como también la de su segunda venida.

Pero ¿quién fue el que resucito? Resucitó el hijo del hombre. El Mesías. Dios hecho hombre. El santo inocente que había sido crucificado injustamente para la remisión del género humano.

¿Qué significa la Resurrección? Que Dios existe. Que Jesús es el Mesías. Que el mundo ha sido redimido. Significa que el amor triunfó sobre el odio. Que la vida triunfó sobre la muerte. Que la esperanza triunfó sobre el desaliento y que la alegría triunfó sobre la tristeza.

Este año la Resurrección se presenta en medio de una pandemia universal. Pareciera que la enfermedad y la muerte se imponen en el escenario de todas las naciones. Para nosotros los venezolanos, además, la fiesta de la resurrección nos llega en medio de un panorama desolador de pobreza creciente, de colapso de los servicios públicos, de crisis política e institucional, de catástrofe económica y social. Una situación grave que amenaza seguir agravándose.

Millones de venezolanos padecen hambre y desamparo y sufren las consecuencias de la enfermedad, de la pobreza y de la desolación.

Frente a este cuadro, la resurrección del Señor nos convoca a la esperanza.

No podemos dejarnos arrebatar la esperanza en un mundo mejor y en una Venezuela mejor.

Jesús resucitado nos habla del triunfo del amor sobre el odio. Tenemos que apostar a una civilización del amor, de la solidaridad, de la fraternidad y renovar nuestra lucha por un mundo mejor y por una Venezuela mejor.

Jesús resucitado es el símbolo del triunfo de la alegría sobre la tristeza.

Alegría de sabernos hijos de Dios, de reconocernos hermanos de todos los seres humanos. De saber que por encima de todas las adversidades vendrán tiempos mejores.

Que las dificultades del presente están poniendo a prueba nuestra fortaleza, nuestro carácter y nuestra confianza en la bondad del mundo y del género humano.

No lo olvidemos: la Resurrección del Señor es el triunfo de la vida, del amor, de la esperanza, de la justicia de la verdad, de la alegría y, sobre todo, de la confianza en Dios y en su Divina Providencia.

Seguiremos conversando.

Eduardo Fernández
@EFernandezVE

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