Donald Trump, un asesino; y después de la Covid-19 todo seguirá igual

EL presidente de los Estados Unidos de Norteamérica (EEUU o USA), Donald Trump, es el producto social mejor elaborado de lo que es y representa el imperio estadounidense, tanto como el personaje Homero de la serie televisiva Los Simpsons en la que parodian al ciudadano promedio de esa sociedad estadounidense. Desde estas premisas podemos comprender muchas acciones y reacciones de la sociedad estadounidense y sus colonias en su conjunto, de su noción y cretinismo imperial, de sus gobernantes y de su ciudadanía.

Por esto también, el mundo occidental ha padecido las inclemencias de este imperio que asedia, agrede, asesina en masa a seres humanos, destruye el planeta a cuentagotas, roba las riquezas ajenas y nos parasita, con la excusa del orden mundial, del que ellos, los gringos, son el gendarme del mundo, cual dueños, bajo las consignas acomodas de «democracia» y «libertad». Ellos mandan a sus soldados a matar y robar, mientras éstos dicen que ellos “salen a defender a su país”. Por tanto, requieren de gobernantes megalómanos y criminales, para que ejecuten su rapiña imperial, sin remordimiento de conciencia.

Así, por ejemplo, la sociedad estadounidense desde su fundación como nación imperial ha parido presidentes que han llevado adelante las políticas de aniquilación más atroces contra la humanidad, las que hacen ver a Hitler y los nazis, al igual que al gobierno de Israel hoy contra los palestinos, como a unos ingenuos niños de pecho, al lado de los gobernantes estadounidenses del pasado siglo XX y el XXI, en sujetos como un estúpido actor de segunda de westerns, Ronald Reagan, el moralino Bill Clinton, los Bush (padre e hijo), pasando por el endorracista negro blanqueado de orígenes musulmán que asesinó más negros que ningún otro antecesor después de la tardía abolición de la esclavitud (porque los ghettos para negros siguen en EEUU), me refiero a Barack Husseín Obama, hasta llegar al pornopuritano y retroconservador, Donald Trump. Todos estos nefastos personajes, tienen en común el haber ordenado invasiones genocidas para saquear pueblos indefensos, aunque jamás se les ha ocurrido invadir y asesinar en masa, por ejemplo, en China, Rusia, Korea del Norte, dado el poderío bélico de estos pueblos, que están en capacidad de darle una respuesta ofensiva inmediata y los borraría de la faz de la tierra.

Donald Trump es un hombre de orígenes étnicos extranjeros que labró su fortuna en el negocio de la usura, las quiebras y deshuesaderos de empresas, negocios turbios e inversiones en el negocio de la pornografía y prostitución, un auténtico proxeneta, aunque, paradójicamente, este pornopuritano se muestra como un puritano y de familia, el mismo que compró su matrimonio con su actual esposa, la hermosa ex modelo nudista, Melany Trump y el que en su enferma psique, es un retroconservador, porque ni siquiera intenta rescatar costumbres o ideas del conservadurismo, sino que también busca volver hasta las formas atávicas y de razzia social que aprendió en su militancia en el movimiento racista estadounidense, el Ku-kus-klan.

Este enfermo y asesino en masa, Donald Trump, desde que asumió la presidencia del gobierno imperial estadounidense ha servido como marioneta útil de los interés del gobierno de sombra que controla a USA, robando, saqueando, creyéndose dueño del mundo y con autoridad mundial, aplicando represalias, boicots, retaliaciones y agresiones de todo tipo, a las que tanto él, como su pueblo e imperio que representan, llaman «sanciones» y que muchos de sus colonizados lingüística y mentalmente, llaman también, por su complejo de inferioridad, “sanciones”.

Este patológico personaje asesino en masa y ladrón por antonomasia, está encumbrado como presidente del nefasto imperio estadounidense, en un momento en el que las guerras cibernéticas y bacteriológicas están siendo puestas en marcha, a la par de las guerras económicas que libran los países y gobiernos interimperialistas, en este reparto del mundo en el que, bajo chantajes y agresiones de todo tipo y con los organismos internacionales subordinados al imperio estadounidense, con una moneda como el US Dólar, cuyo único respaldo es su poder bélico imperial que ha impuesto en el comercio del principal recurso energético, el petróleo, gracias a servirles que le hicieron el mandado desde la fundación de la OPEP hasta nuestros días y la imposición por la vía del hecho de esta moneda en países débiles y carentes de soberanía política a las que ha ido despojando de sus soberanía económicas y viceversa.

En este contexto dantesco de un Imperio voraz como el de USA y de su gentilicio y con un asesino ladrón como Donald Trump, el mundo está atravesando la pandemia de la COVID-19, que este genocida imperial ha aprovechado como arma política, para:

1. Destrozar gobiernos para saquearlos e imponer virreinatos como colonias a su merced;

2. Hacer una razzia interna en suelo estadounidense, en donde los más inermes, débiles y ancianos mueran en grandes cantidades que puedan equilibrar la balanza económica y de explotación laboral a una tasa de crecimiento poblacional que satisfaga sólo la mano de obra simple y necesaria, lo que significaría que el llamado «gasto social» en viejos y ancianos se reduzca considerablemente y los más pobres, entre latinos y negros mueran rápida y significativamente, para que una eventual recesión postpandemia baje sus índices a cero en suelo estadounidense. En fin, «la solución final» nazi, al estilo de Donald Trump, que serviles como Jair Bolsonaro, Sebastián Piñera, Lenín Moreno e Iván Duque, aplican contra sus pueblos, de manera abierta, mientras otros cuantos, lo están haciendo de manera velada.

Y, todavía hay ingenuos que creen y predican que «el mundo cambiará después de esta pandemia y las cosas no serán igual». Irónicamente, después de tantos muertos, de tantas quiebras económicas, del paro forzado y de las letanías de buena voluntad de gobiernos cándidos, por no decir, cínicos y demagogos, se impone la cruel realidad de que nada cambiará después del COVID-19, porque en esencia, en nada han cambiado las relaciones sociales de producción capitalistas.

Hoy, los ricos, los que manejan la parasitaria economía financiero especulativa que no se detiene bajo ninguna pandemia, están aún más ricos y como tienen el control de los medios de producción y de sus modos, como manejan la riqueza del capital, tienen privilegiadamente acceso a un servicio de salud privilegiado y no morirán de esta pandemia, porque cuentan con acceso a los mejores y efectivos tratamientos existentes, mientras que los pobres están condenados a muerte, como en USA, España, Italia, Ecuador, Perú, Brasil, Colombia, México, el Salvador y toda la pléyade de países semicoloniales, que en su mayoría son controlados por el imperio estadounidense. He allí, los ejemplos de pandemias, como la peste negra y la peste española, por sólo mencionar dos de ellas, en donde en nada cambio el rumbo capitalista, los pobres murieron en masa y los ricos se hicieron aún más ricos.

No es de extrañar el afán que tenían y, aún fuerzan porque sea así, los gobiernos como el de USA y su asesino presidente Donald Trump, para que gobiernos como el de Venezuela caigan en medio de la pandemia del COVID-19. Es por ello que el pornopuritano y retroconservador presidente imperial estadounidense se planteó derrocar a Nicolás Maduro, en un cóctel explosivo de robo del dinero venezolano en cuentas bancarias en el extranjero, operaciones terroristas con mercenarios contratados por Trump y sus secuaces, estrangulamiento económico, estrangulamiento y caída de los precios del petróleo, cerco económico, hiperinflación, aprovechamiento y potenciación de la corrupción y otras tantas aberraciones. Por ahora, con bastante éxito, los venezolanos hemos resistido y roto las cadenas de contagio. Y por ahora, seguimos resistiendo, en una abierta guerra declarada por el asesino imperial estadounidense, en medio del COVID-19 y pese a tanto ingenuo y cínico que predican que el mundo va a cambiar pasada la pandemia.

Dr. Luis Pino

@l2pino2

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