¿Por qué la negociación es necesaria para alcanzar la transición?

Caracas./Por Brayann Baptiste.- En el campo de la política surgen debates entusiastas sobre las transiciones políticas democráticas. Algunos conceptualizan los procesos democratizadores de acuerdo a lo que les induce su imaginación; sin embargo, la ciencia comparada niega la existencia de un modelo único, aunque sí estudia patrones recurrentes en diversos casos.

Whitehead “considera a las transiciones un proceso a largo plazo, no lineal y abierto”; es decir, depende en gran medida de la conversión de un conjunto de factores y actores políticos claves.

La literatura concibe diversas modalidades que pudieran dar inicio a un proceso transicional, pero hay importante evidencia que permite afirmar que los acuerdos aumentan la probabilidad de la consolidación democrática, a pesar de que es un método con mayor eficacia, durabilidad y más común en la actualidad, se enfrenta a recurrentes obstáculos.

Los regímenes autoritarios hegemónicos destruyen la estructura social e institucional, suprimen a los partidos de oposición y fomentan un retroceso en la civilización, de manera que las sociedades mantienen baja cultura política y el desespero es una característica común en la gente, en ocasiones la exasperante actitud es justificada por fuertes crisis económicas lo que conlleva a ciudadanos a inclinarse hacia el deseo de soluciones inmediatas.

En reiteradas experiencias se puso de manifiesto ideologías y posturas radicales, con una fuerte identidad que configuraban trabas al cambio en la mentalidad de la gente.

En Sudáfrica, por ejemplo, el Congreso Nacional apostaba por la venganza y el conflicto, pero Mandela, con su liderazgo, fue capaz de provocar un cambio en la actitud de las personas y convencer sobre la necesidad de negociar.

En España, los sectores ortodoxos y radicales del franquismo intentaron dinamitar las reformas políticas democráticas auspiciadas por Adolfo Suarez. De hecho sirve como anécdota el fallido intento de golpe de Estado liderado por Antonio Tejero y Juan Bosch.

En Chile, mientras la iglesia impulsaba un acuerdo nacional para la democracia, se pone en marcha un fallido plan de un grupo de izquierda radical con el fin de asesinar a Augusto Pinochet, razón por la cual la oposición democrática rompe sus vínculos con los partidarios de la violencia y se crea la concertación.

En los casos antes mencionados, los grupos guiaban el proceso con conflictos entre ellos, y respectivamente, intentando sobreponerse a otras fuerzas autoritarias y a la oposición más radical.

Dicen Abraham Lowenthal y Sergio Bitar en su libro sobre transiciones democráticas que “Para lograr los objetivos hubo que superar a menudo desacuerdos profundos en cuanto a propósito, estrategias, tácticas y el liderazgo entre quienes se oponían al régimen”, y que se requirió de un “trabajo diligente dirigido a superar las divisiones en el seno de la oposición”.

Hubo que tomar decisiones difíciles para excluir a ciertos grupos que se negaban a renunciar a la violencia y aislar a elementos intransigentes de ambos bandos.

Venezuela, en estos momentos, enfrenta una compleja dinámica política, provocada por un régimen que ha violado todas las garantías democráticas, dejando como consecuencia el mayor caos en la vida de los venezolanos.

Existen voces altisonantes impulsadas por pequeños grupos políticos que operan a través de las redes sociales, y que hacen énfasis en despotricar de la posibilidad de construir una solución negociada en el país. Argumentan que esto implicaría legitimar al régimen o cohabitar, pues pretenden prolongar la odisea y que ocurra una suerte de arte de magia que genere el tan anhelado cambio político.

Sin embargo, la mayoría de los connacionales y aliados internacionales exigen una salida pacífica y en el marco democrático. Elliott Abrams principal emisario de los Estados Unidos para el caso venezolano, en diferentes alocuciones a medios de comunicación manifiesta a los actores que sirven de soporte a la coalición de gobierno, la necesidad de encontrar una solución democrática.

Aun cuán impopulares sean los llamados a una negociación, es el camino idóneo para la consolidación democrática y el cese al caos de la vida cotidiana.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *