Maniqueísmo y mediocridad

El maniqueísmo, una cierta forma de ver las cosas que divide el mundo de manera binaria, suele ser una simplificación de la vida estrechamente vinculada al pensamiento mítico religioso. Entienden el bien y el mal separados quirurgicamente.

Pero aquí vemos muestras de un maniqueísmo peor, los que están con Maduro asumen que quien no está con él, está con la derecha, el imperialismo, el fascismo y otros ismos.

Pero lo peor es que quienes están con Guaidó también pretenden que quien no lo está, es porque es comunista, madurista, procubano, chavista etc.

Ninguno de los dos grupo es tan simplón, salvo excepciones, saben que eso no es verdad. Pero siguen la vieja y clásica receta de «divide y vencerás».

El pensamiento complejo le es ajeno, apostar a una salida intermedia, una sustentable y generadora de estabilidad, constitucionalidad, institucionalidad… es muy incómodo, difícil de digerir, aunque sepan que es la salida viable, la única posible en estas circunstancias.

Ninguno de los bandos pagará por apostarle a un futuro sin los liderazgos personalistas que manejan la caja registradora. Allí se anotan militantes asalariados, cagatintas de 15 y último, opinadores con un mar de saber y profundidad de charca.

Me da verdadera lástima que ciertos talentos asalariados tengan que hacer tanto esfuerzo para recibir las menguadas mesadas que les asignaron.

Si les pagara el mismísimo Lucifer harían maromas para demostrar las virtudes del subterráneo cachudo.

Mientras tanto, la patria espera, desespera, muere de hambre y de mengua… Pero el maniqueísmo asalariado sólo apunta con el dedo inquisidor indicando al culpable con más truco que talento y estira la mano para recibir su premio. No son tan culpables como los que construyeron la intolerancia, pero aportan cada día su granito de maniqueísmo, uno no confesional sino crematístico.

Bruno Gallo

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