Un papa de hoy en día

Una de las cosas más difíciles de afrontar para los padres son aquellos momentos en los que el niño se desborda emocionalmente y llora o peor, realiza una de las temidas rabietas o pataletas en las que la ira e incluso la violencia se apoderan del pequeño.

Muchos las tildan de mal comportamiento, de malacrianza, necedad o rebeldía del niño sin saber que es en cada episodio de estos «ataques» cuando más necesita el niño que esos padres o cuidadores sean el ejemplo de empatía, acompañamiento respetuoso y enseñanza efectiva del auto control.

Si el niño grita y tú respondes a gritos ¿Qué ganas y enseñas?

Si el niño grita más, pega y lanza objetos y escupitajos y tú le pegas ¿Qué sucede? Él grita más, se retuerce, golpea con mayor fuerza y la escena que podía haberse minimizado con un buen manejo se torna apocalíptica.

Con violencia no ganas nada pero ¿Cómo logramos que no haga pataletas? No se puede. Es un proceso normal y necesario por el que todos los niños pasan. Algunos las hacen de baja intensidad y otros HORRIBLE.

Si bien es cierto que hay ciertas actitudes y acciones que podemos usar para minimizar la posibilidad de que esos episodios ocurran el punto es que los adultos deben entender que esas cosas suceden porque el niño nace sin conocer esas emociones, no sabe lidiar con las frustraciones y al ir creciendo debe aprender a relacionarse, a pedir las cosas que desea y a aceptar que no puede ser satisfecho en ese momento. O nunca.

Si un niño pide un helado y tú no se lo darás en el momento él puede armar un gran berrinche, la idea es que él vaya aprendiendo a postergar la gratificación de sus deseos así como nosotros compramos el helado y pensamos «me lo como en la casa, frente a la tele, con unas galletas». El niño no sabe pensar así, no sabe esperar, no sabe planificar, lo quiere ya.

Los adultos hacen pataletas, a su manera y con grado de «infantilismo» variable. ¿Cuántas personas conoces que arman una escena porque no lo complacen en lo que pide? Pues, esas personas no tuvieron un buen ejemplo en su niñez de manejo correcto de sus emociones.

Por el bien de nuestros niños hay que entender que manejarnos con calma es la mejor manera de enseñarlos a calmarse.

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