Hora de deslindes

por Enrique Ochoa Antich

Venezuela, más allá de cualquier parcialidad política, acaba de ser objeto de una acción terrorista criminal e irresponsable. Podemos oponernos a un gobierno que miente, y miente mucho, uno que es -¿qué duda cabe?- el peor gobierno de nuestra historia, pero primero está la patria. Las evidencias son más que claras. La presencia de asesores militares estadounidenses en la operación revela hasta los degradantes extremos a los que puede llegar la oposición extremista. Ningún venezolano con algún sentido mínimo de nación, puede dejar de rechazar sin ambigüedades ni ambages esta incursión.

Desde 2014, cuando la necedad de aquello que dio en mal llamarse La Salida, quien esto suscribe ha abogado por un deslinde claro entre oposición democrática y oposición extremista. Los puntos dilemáticos son muchos: el voto, el diálogo, la Constitución, la paz y la soberanía. En Macuto se puso en evidencia la protuberancia de este requerimiento. La unidad o mejor, el unitarismo, no puede ser un fin en sí mismo, ni mucho menos una coartada para que algunos exculpen sus descomunales errores que al final pagamos todos.

Partidos como AD y UNT e individualidades como Capriles, le deben una explicación al país. ¿Hasta cuándo van a seguir sirviendo de apoyo a la irresponsabilidad criminal de Guaidó, PJ y VP? ¿No se dan cuenta del papel de segundones del extremismo que están cumpliendo? ¿A cuenta de qué tienen que aceptar que vía hechos cumplidos (como lo fueron el 11A, el paro, las guarimbas salidistas y la autojuramentación) el extremismo oposicionista arrastre a toda la oposición al desbarrancadero de la violencia, la derrota, la desmoralización y la desmovilización?

A propósito de los recientes eventos: ¿Puede soslayarse la clara participación en ellos de Juan Guaidó? ¿Puede dudarse que quienes organizaron las payasadas del “Sí o sí» cucuteño y del 30A estén también detrás de esta postrera vergüenza? Está claro que él y su partido, Voluntad Popular y muy probablemente el sector de Primero Justicia que se identifica en la vocería de Julio Borges, con inmadura irresponsabilidad y supina inmadurez, andan tentando desesperadas acciones como la que acabamos de presenciar, por no decir que explícitamente propician sanciones y planes de invasión, lo que de suyo justificaría el deslinde que exigimos. Puedo decir hoy sin temor alguno a equivocarme, que tuvimos razón quienes en enero/2019 alertamos acerca del grave peligro que corría toda la oposición si entregábamos a estos zascandiles el control sobre la presidencia de la AN.

El deseo ampliamente mayoritario de los venezolanos es el de un cambio político profundo, sí, pero democrático, constitucional, pacífico y soberano. Llegó el momento de deslindarse de la oposición extremista. Propiciemos el encuentro del centro democrático que hoy disperso, representa a la mayoría nacional que repudia por igual a los dos extremos: el que está dispuesto a hacer lo que sea: violar la Constitución todos los días, atropellar los derechos de sus adversarios, concentrar el poder en el partido/Estado/F.A., etc., con tal de perpetuarse en el poder, por un lado; y, por el otro, el que también es capaz de hacer lo que sea para llegar a él: venderse al imperio del norte, convertirse en su vasallo obsecuente, traicionar a la patria, apelar a la violencia, tentar una guerra civil (Guaidó dixit) y pisotear nuestra soberanía en nombre de sus intereses políticos subalternos.

Quizá así, como hicimos en 2006 luego de años de hegemonía extremista, podamos reagrupar a las fuerzas democráticas y reemprender poco a poco la ruta democrática que restituya la esperanza en una transición del autoritarismo a la democracia, vía gobierno de unidad con todos, incluyendo al chavismo y al madurismo. Pues sólo así los enormes desafíos civilizatorios postpandemia podrán ser enfrentados con éxito. Es lo que Venezuela se merece.

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