Devolvamos la esperanza

Brayann Baptiste.

Venezuela pone a prueba la capacidad de fortaleza humana, a la agobiante crisis económica, política y social que data desde hace unos cuantos años ,se suma la llegada de la pandemia que recorre al mundo, obligando al país a confinarse voluntariamente para preservar la vida, sin embargo al mismo tiempo se pone en manifiesto la fragilidad a la cual estamos sometidos en la actualidad.

cada día se evidencian señales del mas grave retroceso de la historia venezolana, caracterizadas por las mas trágicas vivencias cotidianas entre otras cosas es alarmante la desaparición el vital líquido por tuberías en los hogares del país, no obstante el servicio eléctrico se convirtió en un privilegio que ha de ser aprovechado solo por pocas horas y por si fuera poco hay una disminución significativa del poder adquisitivo lo que se traduce en la absoluta incapacidad para acceder a las demandas y servicios más básicos como por ejemplo la alimentación. Nos enfrentamos a la extinción de las más mínimas condiciones de vida.

La política en sí misma, se reinventa permanentemente, hoy el principal reto es devolver la esperanza al país, no puede haber cabida a alarga la odisea a la cual hemos sido sometidos, la grandeza de los políticos del ayer fue deponer sus diferencias para darle respuesta a la ciudadanía, nuestra Nación sirvió de ejemplo en muchos procesos de democratización en el mundo, Rómulo Betancourt, Rafael Caldera y Jovito Villalba a pesar de tener visiones diferentes, como es natural en política, lograron un consenso con el objetivo de consolidar la democracia en los años 50.

El país exige grandeza, compromiso y encuentro con los sectores más desprotegidos, reconectar con las bases para avivar el espíritu de la reconquista de la venezolanidad, que implica la convivencia en una sociedad con las dignas oportunidades que se merece cualquier ser humano.

La desesperanza es un signo negativo que se apodera de cada ciudadano, inmovilizándolo y adaptándolo a la realidad que vive, en Cuba los habitantes se quedaron por años esperando que ocurriera una suerte de arte de magia que diera fin a su tragedia.

No podemos renunciar a nuestro deseo de vivir bien, devolvamos la esperanza.

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