EL MAL MENOR

Por: Oswaldo Marta

La elección de los rectores del Consejo Nacional Electoral (CNE) por parte del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) ha despertado una enorme cantidad de opiniones –a favor y en contra– por distintos medios y redes sociales. Pero mi opinión es, siendo consecuente con mis ideas y analizando el hecho con cabeza fría y sin pasiones, que no existía posibilidad de que sucediera de otra forma.

La Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV), nuestra carta magna, establece que el órgano responsable de la escogencia de las autoridades electorales es la Asamblea Nacional (AN). Pero es un hecho público y notorio que en estos momentos existen dos directivas en el parlamento, un clima político bastante inestable, además una cuarentena por la pandemia de la COVID-19. Estas circunstancias –y algunas otras menos obvias que más adelante detallaré– impidieron que un acto que debió celebrarse de acuerdo a la ley orgánica que lo rige, no se efectuara de acuerdo a ella, sino que por el contrario se propiciara lo que de acuerdo a nuestra CRBV se define como una “omisión legislativa”.

Una vez más, la fuerza de los hechos reconducen la vía legal natural, provocando que una medida excepcional –la intervención del TSJ– se haya convertido en la norma para la escogencia de los rectores del CNE a lo largo de estos 21 años. Estando en la lectura de tal noticia, vino a mi recuerdo la frase con la que decidí titular mi artículo: El mal menor. Una frase que llegó a ser chocante en mi oído cuando, en mi época de activista político militante, debía escucharla con más frecuencia de lo que hubiese deseado. No era nada más escucharla, sino además acatarla y ponerla en acción, en vista de que, por la fuerza de los hechos, estábamos obligados a tomar algunas malas decisiones, tratando de elegir la que considerábamos menos mala.

Recuerdo perfectamente –como si fuera ayer– las largas discusiones con mi amigo y compañero de partido para ese entonces, el brillante, dinámico e incansable dirigente político del Movimiento Al Socialismo (MAS) –lamentablemente fallecido– Pedro Castillo, sobre este tema. Mis argumentos siempre eran los mismos. Mis preguntas repetitivas. Pedro, ¿por qué siempre tenemos que estar atrapados por estas decisiones sobre el mal menor? ¿Por qué no hacemos las cosas de tal forma que no tengamos que recurrir a esa perniciosa práctica? La respuesta era más o menos siempre la misma: “Poeta –era su adjetivo predilecto–, hacemos las cosas para que los resultados nos permitan anticipar las decisiones, pero a veces otras circunstancias –que no controlamos– nos hacen tomar decisiones en el camino, a riesgo de que, si no las tomamos a tiempo, quedemos fuera del hecho político. Y esas decisiones no siempre son las mejores, incluso pueden a llegar a ser muy malas; pero trataremos de elegir la menos mala, es decir el mal menor.” No quiero comentarles cuáles fueron esas decisiones políticas “menos malas” que debimos tomar en el pasado. Las guardo para mis memorias. Pero puedo asegurarles –utilizando una metáfora para ello– que algunas fueron medicinas “difíciles de tragar”.

Opino que esa frase se ajusta perfectamente a esta situación. El mal menor, en este caso, es la escogencia de los rectores por parte del TSJ, sin que hubiese la posibilidad de realizar un procedimiento más amplio, con participación de la ciudadanía, representada a través de cuerpos colegiados, academias, organizaciones empresariales y de trabajadores, etc., mucho menos sugerir nombres. Pero si existe un responsable de este hecho excepcional o accidental, no es otro que la misma AN, porque en el año 2017, cuando se comenzó a trabajar en función de conformar el Comité de Postulaciones para dicha escogencia, desde ese mismo momento comenzaron a surgir las desavenencias entre los partidos Voluntad Popular (VP) y Primero Justicia (PJ), obligando a diferir tan importante decisión hasta el momento en que pudieran conseguir mayores acuerdos.

La historia de porqué hoy, junio 2020, se había avanzado tan poco en esa dirección, está plagado de excusas, algunas de ellas sean tal vez muy válidas y hasta suficientemente justificadas para sus exponentes, pero difíciles de sostener. Porque, señores diputados… ¡han transcurrido 3 años! No son 3 semanas ni 3 meses. ¿No hubo posibilidad de establecer acuerdos mínimos que permitieran avanzar en ese sentido? Entonces pudiera uno entender cómo se ha hecho tan cuesta arriba la toma de decisiones políticas importantes durante todo este tiempo.

La AN, desde el 2015 para acá, primero con Henry Ramos Allup en la presidencia del parlamento (inaugurando su gestión con un show mediático sacando los cuadros del Bolívar zambo y pronosticando la salida de Maduro en 6 meses), luego con Julio Borges y sus devaneos (su abrupto retiro de la Mesa de Diálogo en República Dominicana), posteriormente con la presidencia de Omar Barbosa (a mi entender hombre ecuánime, pero que lamentablemente pasó agachado en varias oportunidades donde la AN debió marcar su impronta); así llegamos a Guaidó, quien por cierto ya tiene su periodo vencido de un año –si nos remitimos a los acuerdos que llegaron los partidos al inicio de su legislatura– y que, no conforme con eso, ya anunció que permanecerá allí por tiempo indefinido.

Sin duda, el mal menor nos persigue. Lamento decirlo, pero creo que en el futuro próximo veremos más decisiones donde el mal menor estará presente para recordarnos que no tomar las decisiones políticas correctas y a tiempo acarrean estas desagradables e inoportunas situaciones.

Nota final: Ya al cierre de este artículo, y cuando me preparaba para su envío, me entero por este mismo medio de que el TSJ ha suspendido a la actual dirigencia de AD. Esta decisión no contribuye para nada a mejorar el clima político de nuestro país. Por el contrario, lo complica todavía más. Los acontecimientos se agolpan de manera vertiginosa, exigiendo imperiosamente a la dirigencia opositora venezolana mayores esfuerzos por cohesionar sus fuerzas y sumar voluntades, en beneficio de los electores, quienes esperan respuestas más coherentes y menos espasmódicas de las que hasta el momento han generado los líderes de la oposición.

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