Coltán, ¿riqueza u otra maldición para Venezuela?

Por Mauricio Montes

«¡Daremos un golpe a quien queramos!», admitió Elon Musk, capitán de la industria tecnológica estadounidense, en respuesta a comentarios de usuarios de Twitter que opinaban sobre que la razón del golpe de Estado contra Evo Morales se hallaba en las grandes reservas de litio que esa nación suramericana posee.

Así como el siglo XX fue adicto al petróleo, a la sociedad de consumo global se le une una nueva adicción, el acceso a tierras raras y minerales necesarios para el empuje de la creciente y exponencial industria de la tecnología.

Esta realidad, hace que las naciones que poseen ingentes recursos minerales deban poner dentro del radar de sus amenazas, ahora no solo a las compañías transnacionales petroleras, sino también a las tecnológicas.

Cuando veas las barbas de tu vecino arder…

Venezuela es un país que se formó a la sombra de un modelo económico planetario en el que se le asignó un rol definido por la exportación de sus hidrocarburos. Como toda nación del tercer mundo, se cotiza en función de los valores que pueda proporcionar en el juego del mercado internacional y sus commodities. Se convierte en una joya codiciada por su agua, biodiversidad, hidrocarburos, minerales preciosos como el oro, pero además de sus minerales estratégicos como el coltán, el oro azul, sobre el que se sostiene la industria de la tecnología informática y telefónica actual.

Las reservas de este mineral en Venezuela aún no se precisan, pero ya se han anunciado como cuantiosas, y son para el investigador y activista ambiental, Nelson Muñoz, una variable a observar para entender el comportamiento que en el futuro tendrán las potencias extranjeras hacia Venezuela.

Las empresas de hidrocarburos y tecnológicas, explica el experto, están en crecimiento y estrechamente vinculadas entre sí y dependen fundamentalmente de la extracción de materias primas. Sin embargo, «es la industria de tecnología quizás el arma más potente de la geopolítica mundial, desde la extracción hasta el consumo», apunta Muñoz.

Cuando se habla de coltán, es indispensable hablar de países como el Congo, que acumula el 80% del total planetario dicho mineral, lo cual ha generado cruentas guerras civiles y la destrucción de su ecosistema. Bolivia y Venezuela, a juicio del especialista representan «un rico manjar» en términos energéticos para las potencias occidentales. El que hayan erigido proyectos políticos soberanos, independientes de Washington complican la situación.

Los trabajadores en una mina de coltán en el Congo
Los trabajadores en una mina de coltán en el Congo
Los trabajadores en una mina de coltán en el Congo

1 / 3© AFP 2020 / JUNIOR D. KANNAHLos trabajadores en una mina de coltán en el Congo

«El ejemplo más cercano lo tenemos con el Gobierno del presidente Chávez, no es un hecho oculto la participación de actores económicos transnacionales detrás de la política de agresión contra Venezuela a partir del año 2002, solo por una variación del modelo de negocio petrolero, al querer crear empresas mixtas con mayoría accionaria por parte del Estado venezolano y pretender alejarse, luego del segundo período de gobierno, de los convenios operativos al 100%, a como se conoce en el negocio petrolero llave en mano. La presencia de coltán en territorio venezolano representa lo mismo que ha representado la presencia de petróleo, gas, carbón u oro para un país con una economía soportada en la extracción de materias primas y que no ha variado fundamentalmente su modelo de desarrollo, representa una amenaza, bien sea con bolígrafos o con armas, pero representa una amenaza al derecho de autodeterminación de los pueblos», señala.

Oportunidad o amenaza

El expresidente Hugo Chávez, en 2009, anunció que Venezuela poseería el equivalente a 100.000 millones de dólares en reservas de coltán.

No obstante, esto no significa para Muñoz una garantía de riqueza automática para el país. Para ello, sería necesario no solo levantar una infraestructura industrial que permita transformar los recursos y el aparato productivo consolidado para no «vivir de la extracción exclusivamente». Un cambio de mentalidad en las esferas «político, ético, militar, cultural», que lleve al Gobierno nacional a considerar que no sostenible en el tiempo servir como «despensa energética y mineral de los intereses de los grupos económicos de poder según la demanda de los mercados capitalistas».

«La riqueza de un país extractivo debe asumirse planificando el techo de la extracción, eso obliga necesariamente a pensar cómo decrecer y ejecutar alternativas sostenibles, lo quiera o no porque se trata de reservas finitas. El gran drama de Venezuela es que esto solo puede hacerse desde la voluntad política del proyecto de gobierno porque posee suficiente riquezas como para vender y vender sin agotarse la existencia durante mucho tiempo, revolcándose en lo que Franz Hinkelammert llamó la ‘irracionalidad de lo racionalizado’«, puntualiza el investigador.

La batalla por el control de las redes 5G

Emiliano Terán, sociólogo y miembro del Observatorio de Ecología Política de Venezuela, se une al debate en Sputnik, apuntando que «la relación entre la tecnología y los commodities es directa, una tecnología o un patrón tecnológico está siempre en relación a un patrón energético». La geopolítica de los recursos, responde a esta lógica.

Para Terán, lo que vimos desde el siglo pasado es un esfuerzo por el control «de la energía que se necesita para ese desarrollo tecnológico, por eso el petróleo ha sido tan importante en las disputas internacionales. Eso por un lado, luego tienes minerales estratégicos para nuevas tecnologías que serían las tecnologías de punta y que quienes la manejan tendrán mayor control del mercado internacional. Puedes pensar por ejemplo, la tecnología 5G y el desarrollo que ha tenido China en relación a esa tecnología y la forma como a los Estados Unidos no le conviene que esa tecnología crezca porque es una tecnología fundamentalmente china, entonces hay un nuevo desarrollo en términos de los productos electrodomésticos y productos electrónicos que con el nuevo patrón de almacenamiento de energía que tienen, por dar un ejemplo, o los nuevos desarrollos que tienen necesitan otros minerales como el caso del coltán, que se consiguió en zonas, en el caso africano, en zonas particulares, en el caso de Venezuela también se ha conseguido, y cosa similar está pasando con el litio, entonces sí hay una relación directa entre geopolítica, disputas y tecnologías pero eso siempre en su relación con los commodities«, explica.

La gran amenaza que vive el país, a juicio del sociólogo venezolano, es que en la nación suramericana se concentra una cantidad alta de recursos importantes, tal y como ya lo señalaba con anterioridad, Nelson Muñoz.

«La misma zona donde hay coltán, es una zona diamantífera, la región de Guaniamo que está cerca de Parguaza, y por supuesto que tiene incidencia porque además en el oriente están las concentraciones de oro», detalla Terán.

Sin embargo, existen particularidades geopolíticas a las cuales se debe atender a la hora de los análisis, y que además servirían para bosquejar el mapa general del conflicto provocado por la explotación de los minerales en el país.

«América Latina no es África, no tiene las características de desarrollo de los Estados nación, de las economías, que son extractivismo, ciertamente, pero son diferentes. Los Estados en África, son Estados mucho más, digamos, fallidos, que en el caso de América Latina que son repúblicas desde el siglo XIX y no hay tantas disputas tribales como el caso africano, que son Estados conformados a lo interno con varias naciones o varios pueblos y esos pueblos estaban en disputa, era una relación mucho más cruenta y eso hace que los conflictos sean mucho más intensos y por la propia colonialidad, es un racismo mucho más fuerte porque es un racismo negro», argumenta.

Terán considera que Venezuela debe afrontar la relación con la extracción del coltán desde varias perspectivas. En un primer término, desde cuál será «el comportamiento del commodity en el mercado internacional ante la pandemia, porque la pandemia pareciera estar implicando una modificación del patrón energético que aunque no sabemos hasta cuanto sea, parece ser determinante». El segundo ámbito es mucho más complejo porque implica una mirada ecológica de la política.

En este sentido, aborda de manera muy crítica el proyecto del Arco Minero del Orinoco pues «sería coronar una serie de fracasos» que intensificarían lo peor de las características que la cultura extractivista ha impuesto a la sociedad venezolana en su conjunto, señala.

Las sanciones que promueve Estados Unidos y sus aliados de la Unión Europea no hacen sino complejizar el panorama para el país.

Además de las iniciativas de bloqueo financiero para imposibilitar la venta de petróleo venezolano e incluso el intercambio de hidrocarburos por bienes esenciales como alimentos o medicinas, la sobrevivencia del Estado venezolano implica que eche a mano todas las herramientas que le permitan resistir a la agresión

Sin embargo, Emiliano Terán ante este dilema, donde la opción del extractivismo minero buscaría compensar la falta de entrada de recursos debido a la debilidad que muestra hoy Venezuela en el ámbito petrolero, plantea otras opciones.

«El rentismo minero que es mucho menos rentable, mucho más devastador con los territorios de la naturaleza y que nos va a terminar de meter en una dependencia horrible, absolutamente terrible, en relación al mercado internacional, habiendo en Venezuela 30 millones de hectáreas productivas que no se están aprovechando de la mejor manera, la posibilidad agrícola, pero además los potenciales turísticos que tiene el país y de otros aspectos de la economía. Aquí lo que tenemos que dar es un giro radical a un modelo diferente porque estamos caminando como humanidad, como planeta, como sistema global, estamos caminando hacia un precipicio. Esto hay que decirlo una y otra vez porque la situación de Venezuela está dentro del marco de una situación global muy grave y delicada», puntualiza.


LA OPINIÓN DEL AUTOR NO COINCIDE NECESARIAMENTE CON LA DE SPUTNIK

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