Eduardo Fernández │Punto de vista

Vendrán tiempos mejores. Más temprano que tarde Venezuela y los venezolanos viviremos tiempos de alegría, de unión, de progreso, de justicia, de bienestar y de democracia.

La pandemia del coronavirus pasará. El socialismo del siglo XXI con todas sus nefastas consecuencias también pasará y amanecerá una nueva y resplandeciente oportunidad para todos los que hemos tenido el privilegio de nacer en esta tierra de gracia y para todos los que han escogido vivir, trabajar, luchar, sufrir y gozar con nosotros.

Estamos viviendo una hora muy oscura, pero “si sobrevives -como dijo el poeta Andrés Eloy Blanco- será tu tiempo el tiempo de la verdad triunfante.” Nuestra tarea es convocar la unidad de todos los venezolanos. Unidad que sólo es posible alrededor de un gran sueño, alrededor de un programa compartido. Ese programa, desde mi punto de vista, debe contemplar cinco aspectos fundamentales: democracia política, progreso económico, igualdad social, valores éticos y servicios públicos eficientes que nos permitan a todos vivir decentemente y disfrutar un ambiente de paz y de convivencia.

Ese es el programa que propone la tarjeta Unión y Progreso. En momentos estelares de nuestra historia los venezolanos hemos demostrado capacidad para entendernos y para progresar. Así ocurrió, por ejemplo, a la muerte del general Juan Vicente Gómez. El programa de febrero de 1936 presentado por el presidente López Contreras fue una convocatoria a la unión y al progreso de todos los venezolanos.

La constitución de 1947 fue una nueva invitación a la unidad de los venezolanos para luchar por la democracia, por el progreso económico, por la justicia social, por la erradicación de la corrupción administrativa y por la conquista de un ambiente de convivencia civilizada.

El Pacto de Punto Fijo en 1958 representa otra de esas oportunidades en las que los venezolanos fuimos capaces de atender un llamado a la unidad detrás de un programa compartido en medio de las diferencias propias del pluralismo democrático.

Hoy suenan de nuevo las trompetas que nos convocan a la unidad nacional. Veinte años de graves errores, de confrontaciones inútiles y pleitos infecundos nos han conducido a una situación deplorable y catastrófica. Es la hora de pensar más en Venezuela y en el sufrimiento de los venezolanos que en las agendas partidistas y en las ambiciones personales. Venezuela necesita unión y progreso.

Seguiremos conversando.

Eduardo Fernández
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