OÍDO AL TAMBOR / Los «pacificados» que no quieren…

Los 110 indultos a políticos presos, asilados, exiliados o en rara «clandestinidad» sorprendieron a medio mundo, salvo al presidente Nicolás Maduro, su vicepresidenta ejecutiva Delcy Rodríguez, su megociador principal Jorge Rodríguez, unos pocos dirigentes políticos opositores y los diplomáticos latinoamericanos y europeos involucrados.

Fue una jugada dura de todos ellos en máximo silencio y secreto, que dejó en el terreno a Guaidó & Co., sus archi críticos de la ultraderecha violentista acoplada con los más dementes promotores de una invasión militar colombo-estadounidenses a Venezuela, y a los mismísimos súper-agentes de la CIA, la DEA y los flemáticos diplomáticos del presidente Donald Trump asentados en Bogotá y Washington; y no hablemos de los ex militares y policías venezolanos que andan como dragones de pacotilla lanzando candela por las redes sociales, cada día más expuestos como subalternos vergonzosos del uribismo colombiano, el Pentágono de EEUU y sus agencias de talante transfronterizo, coaligadas para inventar falsos positivos que -como en Libia, Irak o Siria- «justifiquen» tanto el bloqueo criminal Trump-Guaidó, como aventuras menores tipo «Operación Gedeón» o una invasión que no han podido fraguar.

Esta jugada política de Maduro, anunciada por Jorge Rodríguez el pasado 31 de agosto, se asemeja -por su audacia y eficacia- a lo hecho personalmente por Maduro aquel «1ro. de Mayo» de 2017, en medio de la incendiaria «guarimba» capitaneada sibilinamente por Julio Borges desde la presidencia de la Asamblea Nacional: la convocatoria a Asamblea Nacional Constituyente (ANC). 

Hace tres años, la polémica fue mayor, pero igual hubo la alección de la ANC, fue instalada y comenzó su deriva de sofocamiento político, policial, militar y judicial de la guarimba y la convocatoria a elecciones sucesivas de gobernador, legisladores regionales, alcaldes, concejales y presidente de la República, no sin resistencia interna abstencionista y conspiraciones internacionales, que desde Estados Unidos y Colombia, principalmente, han catalizado un proceso altamente destructivo y sin precedentes en la sociedad venezolana, sobre el conocido fracaso y las pillerías aborrecibles de la gestión gubernamental Chávez-Maduro, cuyos burócratas corrompidos -civiles y militares- durante veinte años saquearon la nación, descapitalizaron la economía y destruyeron o llevaron a estado famélico a todas las empresas públicas de Venezuela, desde PDVSA hasta las del emporio industrial de Guayana. 

El bloqueo criminal Trump-Guaidó ha sido «la tapa del frasco», culpa mayor e inevadible de Guaidó & Co.: verdad que odian escuchar todos quienes apoyaron la costosa payasada de la autojuramentación de Juan Guaidó, el 23 de enero de 2019, como «presidente interino de Venezuela», cargo que no existe ni para lo cual fue «investido» por la aplastante mayoría opositora en la Asamblea Nacional. Es decir, una payasada fraguada por Leopoldo López y Julio Borges con sus jefes del uribismo colombiano y de la ultra derecha belicosa estadounidense, y que Guaidó ejecutó penosamente como buen títere que es (sin comillas).

Esa errática y altamente destructiva política Guaidó (López/Bortges)-EEUU-uribismo colombiano, fue exitosamente enfrentada por el gobierno de Maduro. ¿Les duele?: Sí, Maduro les ganó la partida, otra vez, como en 2013, 2014, 2016, 2017, 2018, 2019 y lo que va de 2020, camino a las elecciones parlamentarias convocadas para el 6 de diciembre próximo. 

Esta es la realidad política nacional, gústenos o no: la política López-Borges-Guaidó fue derrotada, no solo por el incompetente, corrupto y arbitrario gobierno de Nicolás Maduro, sino por la inmensa mayoría de venezolanos y venezolanas que estando inconformes con esta tragedia histórica nacional, nos oponemos -plural y decididamente- a la violencia fratricida, la asfixia a nuestra sociedad desde EEUU, la destrucción de la economía y el hundimiento del bienestar de la población.

Ese mandato mayoritario popular también es contra la eventualidad de una invasión militar extranjera capitaneada por el gobierno de Donald Trump y sus cipayos de Colombia y Brasil, como todavía lo suplican Maria Corina Machado y el ladrón de Antonio Ledezma, desde España, junto con una pléyade de insensatos, cobardes, irresponsables y vendepatrias -civiles, ex militares y ex policías-, que están corriendo la misma suerte que Juan Guaidó y su combo. No solo Guaidó ha sido derrotado: otra verdad que no gustan escuchar los irresponsables que lo aplaudieron y financiaron sus mediocridades y pillerías infinitas. 

Paradógicamente, todo este loco proceder entre gobierno y oposición -con sus respectivos correlatos de testaferros y promotores de ambos bandos del cepo de la destrucción nacional- nos da como resultado una «victoria pírrica» para el gobierno, por el altísimo grado de destrucción de la vida venezolana.

Es hora de cambiar de rumbo. Las elecciones parlamnentarias del 6 de diciembre, son apenas un hito en el largo camino por recorrer: no hay solución inmediata a los gravísimos problemas de Venezuela, no la hay. Quien lo diga es un charlatán, y de los peores.

Manuel Isidro Molina

manuelisidro21@gmail.com

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