Enseñanzas de un gran Maestro

He tenido grandes Maestros en mi vida, sin duda, ninguno mejor que el tiempo. Su acompasando andar que he seguido con disciplina, su paciencia desmedida, que ha sido mi aliciente, su estrategia para actuar, su consciencia, para juzgar, su espera, para otorgar y su oportunidad, para alcanzar, han sido fundamentales en mi aprendizaje. Me ha dado fuerzas y en muchos casos, valor, para no desmayar, ha sido un compañero inseparable, a veces crítico, otras veces, complaciente, a veces duro y otras dulce, a veces exigente, pero siempre justo.


He sentido muchas dudas, cuando se aparta de mi lado, es como si castigara mi rebeldía, pero de pronto, me uno a él nuevamente, porque su indisoluble permanencia en mi vida, ha sido esencial para descubrir como vivirla, sin desperdiciar ni un segundo de inagotable crecimiento humano y espiritual. Podré llenar páginas y páginas, hablando de este gran Maestro: El tiempo, ha sido para mi un soporte divino en el que me regodeo porque le agradezco, en lo que me ha convertido.


Del tiempo he aprendido, que nuestros días son las piezas del rompecabezas de la vida, por eso, uno debe ser mejor que otro, que si cada uno de nuestros esfuerzos no trae algún aprendizaje, no tiene sentido, que cada día significa aprender, pero podemos llegar a viejos y no saber nada.


Que la distancia no te limita más que tu mente, que actuar por obligación, mata cualquier intención, que no es necesario estar solos, para sentirnos solos, a veces la soledad, es más sentida, cuando estamos físicamente acompañados.


Que la compenetración perfecta, es más placentera, con la gente con la que disentimos, que amarnos sin medida, nos reconforta espiritualmente, que si le ponemos tiempo a nuestros sueños, se cumplen, que la alegría no se contagia si no hay paz en nuestro corazón.
Que la paciencia es un don que solo le pertenece a los inteligentes, que la confianza es acompañar sin preguntar, que la ira es un estado de demencia, que tu derrota personal, puede ser el logro de alguien.


Que si te levantas mil veces, puedes caer el doble, si cada vez que te levantas, no rectificas, que pudieras ser ejemplo, sin saberlo, que estar sin estar, es una condición de pocos y pocas.


Que una de las maneras para no envejecer, es recordar y rememorar el tiempo que vivimos, que todos los momentos, tienen un techo, que levantarnos temprano, nos sitúa con ventajas, ante el reto de un nuevo día.


Que no hay lapso que no se cumpla ni momento que no llegue, que adelantar un reloj, es tratar de esconder una debilidad, que decretar, sin consciencia, puede conducirnos al fracaso, que arriesgarte, no solo debe ser un reto personal.
Que viviendo, no podemos competir con la vida, que usas lentes, no para protegerte del sol, sino para vivir a las sombras de la luz, que la resistencia, no es un castigo, sino una prueba.
Que la constancia no es una virtud, es una lección, que la tristeza no existe si no la propiciamos, que criticar a los demás, nos hace cobardes.


Que oponernos a los cambios, nos hace cómplices de una rutina viciada, que no esperar nada de la gente, aniquila nuestras verdaderas esperanzas, que la vida termina, cuando decidimos que nada nos importa, que podemos nacer muchas veces; y vivir muchas vidas, todas con intensidad y amor.


Que los colores no son más que nuestras visiones de las cosas, que un amanecer, puede prolongarse muchas horas, que si cada día empezamos a vivir, jamás moriremos.
El tiempo ha significado mucho en mi vida, lo conozco tanto, que a veces me permito imaginar, con un grado importante, de acierto, que se trae, antes de que llegue.


Ha sido un calmante de mis penas, un aliado de mis planes, un cómplice de mis secretos, un consejo en mis confusiones, una sonrisa en mis tristezas, una luz en la oscurana, una compañía, en la necesidad, un pañuelo para mis lágrimas, y un tiempo para mi tiempo.
Es perfecto

Luz Marina Molina

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