El fugitivo

por Enrique Ochoa Antich

Sube a la cajuela del auto diplomático. Se ovilla sobre sí mismo. Suda. Tiembla. Cree que acomete una hazaña libertaria. Huir, principal deber de todo preso político, a decir de Teodoro Petkoff. No sabe el fugitivo que la farsa ha sido previamente pactada en ciudad de México por dos altos funcionarios de los gobiernos en disputa. Claro, presentarla como rocambolesca fuga tiene un plus para el régimen autoritario: saldar la discusión con sus propios extremistas, que son muchos y ruidosos.

Los guardias silban al cielo. Se hacen la vista gorda. El automóvil, raudo y veloz, cruza la garita y sigue su rumbo. El fugitivo saltará de un vehículo a otro, aquí en Caracas, en los llanos, y finalmente en la frontera. Colombia, Miami, Madrid. Curiosa peripecia. En este país donde, no los malandrines, pero sí los opositores, son ultrarecontravigilados, este rostro súperconocido traspasa todas las alcabalas sin siquiera llamar la atención. Cosas tenedes, Cid, que farán fablar las piedras, como dijo el rey Alfonso a su afamado guerrero.

En llegando a Castilla-La Mancha, el fugitivo da la cara a los medios. Dice pero no dice. Protesta no victimizarse pero lo hace al decirlo. En verdad, fue injusta su prisión (en Ramo Verde, en su casa, en la embajada) por unas palabras mal pronunciadas que invitaban a incendiar el país. ¡Caramba, Diosdado! Con ese mismo rasero tú seguirías tras las rejas. ¿O qué fueron el 4F y el 27N? ¿Un juego de naipes? Sí, injusta la cárcel por unos vocablos de equívoco contenido. Pero… ¡¿¿Mandela??! ¿En serio, señor Casado? Un poco de sindéresis, por favor.

Tal vez el heredero de la sangre de Bolívar, la cabeza plagada de mariposas, pensó que entregándose a sus carceleros, martirizado,  los jóvenes oficiales de su generación correrían a liberarlo y a derrocar al tirano en el mismo acto… pero nada pasó. Sorpresas te da la vida.  Y pasaron 6 años.

Más luego, un 30A de infausta memoria, tuvo un sueño: Moreno y Padrino aposentándolo en la butaca presidencial por interpuesta persona. ¡Cómo desconocen estos imberbes estas tres máximas de Sun Tzu!:

• Si conoces al enemigo y te conoces a ti mismo, no temas el resultado de cien batallas. Si te conoces a ti mismo, pero no conoces al enemigo, por cada batalla ganada perderás otra; si no conoces al enemigo ni a ti mismo, perderás cada batalla.

• El arte de la guerra se basa en el engaño. Por lo tanto, cuando (el general) es capaz de atacar, ha de aparentar incapacidad; cuando las tropas se mueven, aparentar inactividad. Si está cerca del enemigo, ha de hacerle creer que está lejos; si está lejos, aparentar que se está cerca. Poner cebos para atraer al enemigo. 

• Con astucia se puede anticipar y lograr que los adversarios se convenzan a sí mismos cómo proceder y moverse; (el general) les ayuda a caminar por el camino que les traza. Hace moverse a los enemigos con la perspectiva del triunfo, para que caigan en la emboscada. 

Imagino a Moreno y Padrino vacilándose a sus interlocutores. ¡Qué conjurados para cándidos! ¿No os acordáis ya de Chávez y la batalla de Santa Inés?

Con un manotón sobre el escritorio, el fugitivo asegura que lo único que pide frente a la «dictadura» es «no quedarnos de brazos cruzados». Y, pregunto yo, ¿qué es la abstención? Como en toda elección, imperfecta o no, este 6D se disputará el poder: inocular desesperanza para sustraer millones de votos de esa lid, ¿no es aún peor que quedarse de brazos cruzados? Los derechos se defienden ejerciéndolos, no renunciando a ellos. El voto se defiende votando. Frente a un régimen autoritario, votar es un imperativo moral. Es una protesta, una lucha, un grito agónico por la democracia, no un paseo campestre. Mucho menos por El Retiro.

Luego, ceño fruncido y voz altiva, subraya que «todas las herramientas de lucha deben ser usadas». Tal vez su cerebro febril se puebla de acorazados y de helicópteros y de un ejército libertador irrumpiendo en Miraflores con él a la cabeza. ¿Y el voto? ¿Por qué el voto no es uno de esos instrumentos que deben ser usados? Inmaduro, bisoño liderazgo éste que no ha entendido aún la más elemental de las estrategias: se juega en varios tableros a la vez. Hablo del triángulo táctico enunciado en esta ecuación simple: protesta social pacífica de calle + diálogo y negociación hasta el cansancio + VOTO SIEMPRE: todo a la vez.

Acto seguido, el fugitivo, magnánimo, ofrece que de la transición participarán, deben hacerlo para que sea tal, chavistas y maduristas. Con porte de perdonavidas, jura haber estudiado transiciones como las de Chile, Sudáfrica, España, Polonia. O sea, Cabello, Padrino, Delcy, Jorge, Tarek, etc., etc., podrán cogobernar con los voluntariosos opositores durante la transición del autoritarismo a la democracia plena. Casi llega a creer uno que algo aprendió en sus años de encierro. Y entonces suelta su pedrada postrera: «Ah, pero eso sí, con Maduro no». Guión gringo. Resentimiento. Obsesión compulsiva. Vaya usted a saber. ¿Y si Lagos y Frei hubiesen dicho: «Ah, pero eso sí, con Pinochet no»? ¿O si Mandela hubiese excluido a De Klerk, en vez de nombrarlo vicepresidente de su primer gobierno, a cuenta de, pongamos por caso, los 566 niños masacrados por el régimen del apartheid ¡en una tarde! en Soweto en 1976? ¿O si Carrillo y Felipe hubiesen dicho: «Con el rey no» o «Con el exjefe de la Falange no» (que esto era Adolfo Suárez)? O al revés: si Juan Carlos hubiese dicho: «Con el carnicero de Paracuellos no» (apelativo con el que aún se recordaba a Carrillo)? ¿O si Walesa y Solidaridad hubiesen rechazado no sólo negociar sino cogobernar ¡por dos años! con el general Jaruzelsky, presidente de la república y comandante de la Fuerza Armada, y con un viceprimer ministro, y un ministro de Interior jefe de todas las policías, y con 2/3 de diputados… todos comunistas? ¿Habrían tenido éxito aquéllas transiciones democráticas, pacíficas y soberanas? Tendrían que probarme que Maduro es más sanguinario, más cruel y más totalitario que estos gobernantes mencionados, y todos sabemos que está bastante lejos de serlo, por autoritario e incompetente que sea.

Va terminando la alocución del fugitivo. Empinándose sobre su pedestal, como si de bronce ya fuera, exclama, con la mirada profunda, la voz engolada y sobándose las manos: «Hoy le queda claro a Venezuela, a los venezolanos, y también a los gobiernos y también a la gente que quiera comprender la situación de Venezuela, que hay una interlocución clara: la Asamblea Nacional, el presidente Nicolás… eh… eh… Juan Guaidó, y el equipo que acompaña a Juan Guaidó». Es decir: Yo.

En fin: Cosas tenedes. Triste sainete en que hemos convertido a esta república. 

(Publicado en Punto de Corte)

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