No podemos callarnos ante la injusticia.

Por Brayann Baptiste.

Asombra el escandaloso silencio ante el víl ataque xenófobo al cual se enfrentan los migrantes venezolanos, quienes de forma desafortunada se ven obligados a abandonar al país forzados por el más trágico e impactante deterioro en la calidad de vida. Cuesta imaginarse el difícil riesgo al cual estuvieron sometidos 16 menores de edad, hijos de nuestra patria, abandonados en alta mar, por la expulsión del gobierno de Trinidad y Tobago.

Resultan innumerables las vejaciones contra venezolanos en distintas latitudes, violando toda normativa y convenios internacionales que obligan a proteger al migrante. Debe recordarse que todo ciudadano, indistintamente del país donde se encuentre, es sujeto de Derechos, vale la pena preguntarse ¿Quien garantiza el cumplimiento de los Derechos Humanos? ¿Hasta cuándo se harán la vista gorda ante la injusticia?.

No podemos callar ante tantas penurias, ni perder el asombro e indignación ante el desprecio. Después de tanto esfuerzo sería injusto rendirse ante el odio y la indolencia.

Debemos asumir como causa común, la lucha por el buen vivir, por lo que en otrora significaba ser venezolano insistimos en reconquistar una vida digna y justa, dónde todos tengamos los mismos derechos.

Alcemos la voz por Venezuela,es posible diseñar nuestro propio camino y convertir los obstáculos en posibilidades.

Antoine de Sant decía que el «hombre vale los obstáculos que supera».

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