La oposición: entre la realidad y los espejismos

por Enrique Ochoa Antich

El diputado que dícese presidente eterno (de nada) ambula por el País de las Maravillas: debate con apremiados conejos, departe con curiosos sombrereros locos, y resiste las tropelías de una reina malvada que degüella a sus enemigos. Luego se solaza mirando su imagen en el espejo… y cruza al otro lado.

Por su parte, unos diputados que ya no son, habitan el País de Nunca Jamás, y como unos niños perdidos, se niegan a crecer. Cuchichean, murmuran, rumian sus embelecos para alimentarse de ellos, mientras una luciérnaga orienta sus pasos.

Y una dama de azófar, creyéndose una Juana de Arco rediviva, trajeada de reluciente armadura, adarga al brazo y lanza en ristre, pasea su cabalgadura por los jardines del imperio de Trapisonda.

Ésta es la oposición que levita, que flota sobra la realidad como un globo aerostático, que se cree sus propios cuentos, y, cual Bastián Baltasar Bux, va perdiendo la memoria mientras más se adentra en el reino de Fantasía. Para sentirse tangible, promueve crueles sanciones, ruega de hinojos a las puertas de las cancillerías de todos los imperios de este universo mundo (el imperio que es y los vetustos que ya no son pero se creen), demanda que sus drones o bombarderos o marines de cualquier especie, huellen el sagrado suelo de la patria, a ver si así consiguen asentar sus posaderas en las ansiadas butacas miraflorinas. Su postrera ocurrencia ha sido la de una consulta inútil cuyos mandatos no serán obedecidos por nadie, sólo para inventarse una eternidad, una continuidad _ad infinitum_… y tal vez así «legitimar» un exilio que en el fondo desea: Madrid, Washington, Bogotá, en cuyos cafés se reunirá para derrocar al gobierno de Maduro a diario, entre trago y trago.

Tiene el dudoso mérito de haber convertido diez años de victorias (2006/2015) en 5 años de derrotas, y, luego de haber ganado las principales gobernaciones y alcaldías y la Asamblea Nacional en sus 2/3 partes, sumirse en el fango del más inexcusable fracaso: cárcel, inhabilitaciones, exilios, desesperanza, desencanto, frustración, muerte, división, fracasos y dispersión, ésta su heredad.

Como orates, como monos aulladores, autoengañándose para no tener el trabajo de pensar, estos esperpentos repiten sus vaciedades con ojos puyudos de filósofos y voz engolada: calle, calle, calle; el comunismo no sale con votos (cuando la historia demuestra exactamente lo contrario); con narcoterroristas no se dialoga; abandono del cargo; cese de la usurpación, gobierno de transición y elecciones libres; sí o sí; máxima presión; operación libertad; Gedeón; frente al fraude, abstención; el que se cansa, pierde; fuerza y fe; y, en fin, un larguísimo etcétera de babiecadas a cuál más necia que se sustituyen unas a otras sin solución de continuidad, en un desbarrancadero vertiginoso.

Sus instituciones son: un TSJ… en el exilio; una Fiscalía… en el exilio; una presidencia interina… de mentirijillas; y ahora una AN… que no es.

Sus fechas onomásticas son el 11A, el 16J y el 30A.

Ésta es la oposición de los espejismos.

La otra, derrotada, mínima, excluida, despreciada, apaleada, calumniada, esputada, tiene muchísimos defectos, limitaciones, atrofias imperdonables, pero al menos pisa tierra. Sus diputados son muy, muy pocos, es cierto, pero están allí, en la arena de juego, dispuestos a dar la pelea: serán reales y no ficticias sus batallas, se mirará las caras con quienes ejercen el poder y dialogará y negociará con ellos. No le arriendo la ganancia, habida cuenta de su dispersión y de su poca conexión con la gente de carne y hueso, pero al menos habita _el reino de este mundo_, para decirlo con palabras de Carpentier. Si se articulara en un frente amplio a la uruguaya, plural pero con dirección política y programa común, tal vez otro gallo cantaría. Pero a veces fascinan y embelesan los pequeños feudos.

Esta oposición débil pero real tiene dos tareas inmediatas y urgentes: dialogar con el gobierno, por un lado, e interactuar con la oposición de los milagros, por la otra, a ver quiénes siguen desagregándose de la obcecación y la tozudez. Dicen que hay quienes allí comienzan a poner los pies en el suelo y se preparan para el pedestre, prosaico acto de votar. Ojalá.

A lo lejos, Maduro y sus adláteres lo miran todo como si observaran un sainete jocoso e inofensivo. Pero llegará la hora en que la comedia se convierta en drama y éste en epopeya, cuando juntos todos emprendamos la hermosa, desafiante hazaña de reconstruir a Venezuela. Que así sea.

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