El síndrome del ‘fanático sincero’

Origen del culto venezolano a Trump

Orlando Ochoa-Terán o.ochoa@attnet

  • El asalto al Capitolio abre un virtual juicio por sedición
  • Bloqueado por las reden sociales y abandonado por aliados, Trump vive su peor crisis política y existencial
  • ¿Cómo explicar el fenómeno venezolano de la adoración a Trump?
  • ·De pronto, a venezolanos del culto a Trump, el espíritu de Chávez se les revela
  • Se teme que Trump, desarticulado mentalmente, intente de nuevo actos desesperados              

 ¿Es Donald Trump un Hugo Chávez gringo? Esa pregunta fue el titular de un reportaje del New York Times en 2016; en 2018 The Guardian de Londres tituló “Cómo Donald Trump devino en el Hugo Chávez de EEUU a pesar de las diferencias ideológicas”. Otro titular del New York Times. ¿Qué nos dice Hugo Chávez acerca de Donald Trump? Esta asociación de Chávez/Trump que se ha repetido incesantemente en medios internacionales y en centros de estudios políticos de prestigiosas universidades, de repente se hizo palpable para algunos venezolanos que vieron el pasado miércoles el asalto de los colectivos de Trump al Capitolio de EEUU. Como en una revelación estos  venezolanos atónitos veían en aquellos rostros agrestes con ojos encendidos de odio, vestiduras extravagantes, banderas y gorras roja, a los círculos bolivarianos y se horrorizaron al advertir que, la escena era tan familiar, que producía escozor y repugnancia. A muchos de los miembros del culto a Trump de pronto les asaltó la rara sensación de estar venerando el espíritu de Chávez. 

En más de 60 ocasiones, jueces, designados la mayoría por Trump o por gobiernos republicanos, declararon sin méritos sendas demandas de fraude. En estados objetados se recontaron los votos en tres oportunidades y finalmente la Corte Suprema de Justicia denegó su revisión por considerarlos sin méritos. No ha habido un solo indicio de fraude o de irregularidad. No obstante, Donald Trump ha insistido tanto en su mentira de fraude que ha encontrado eco en esa amalgama del culto a la ignorancia que forma su base política. Estas mentiras fueron fácilmente digeridas por ese equivalente latinoamericanos de inmigrantes, especialmente de venezolanos en Florida y cuya fogosa adoración ha llamado la atención de analistas políticos, psicólogos y psiquiatras. 

Las teorías para explicar este fenómeno están pues a la orden del día.  ¿Cómo explicar que un sin número de venezolanos se hayan imbuido en la política americana de tal forma que su propia realidad, la de vivir y padecer una horrible autocracia, haya pasado a un segundo o tercer lugar de sus prioridades vitales?  ¿Cómo explicar que la mayoría de los miembros de este culto estén caracterizados por exhibir educación universitaria y en muchos casos mucho más allá de ese nivel? ¿Cuál es el origen de este fenómeno social que en algunos casos adquiere connotaciones extravagantes, raras, extrañas? 

Un primer elemento que resalta en el objeto de esta adoración es el presidente de un país extranjero; por la otra, la perruna devoción a una suerte de gánster sin límites morales o políticos, no sólo muy próximo a la experiencia que vivimos en Venezuela con Chávez o un Maduro, sino en algunos casos en exceso de aspectos de esta revolución que estos mismos grupos de venezolanos han encontrado asquerosos en estos últimos 20 años. 

El fanático sincero

Una explicación de esta conducta inaudita, para decirlo de alguna manera, la ofrece el síndrome del fanático sincero, una expresión acuñada por M. Lamar Keene, conocido en Florida en los 70s como el «El Príncipe de los Espiritualistas», famoso por su libro The Psychic Mafia, en el cual acuña el término “síndrome del fanático sincero” o “true believer syndrome”

En siquiatría el “síndrome del fanático sincero” describe un desorden cognoscitivo que compele a un individuo, de otra manera normal, a creer lo increíble más allá de toda razón que deviene enamorado de una fantasía, una ficción o una impostura que, mientras más se le demuestra su ausencia de fundamentos o de lógica, más se aferra a su creencia. Este autoengaño no significa mentirse a sí mismo, pues esto implicaría que sabe que es mentira. El “fanático sincero” está persuadido de que lo que cree es real, independientemente que abundantes hechos le demuestren lo contrario. 

En una monografía titulada El Fanático Sincero, del reputado filósofo social americano Eric Hoffer, aborda el tema de las maquinaciones por medio de las cuales un individuo deviene en fanático. Lo leímos hace algunos años atrás y entonces lo compartimos con un amigo, lector apasionado de conflictos existenciales, estudioso e inteligente, pero irónicamente, hoy también permeable a muchas de las aristas de este culto. Su caso y de otros amigos y conocidos nos ha impulsado a revisar aspectos de esa vieja lectura.   

En esencia, Hoffer sostiene que todos los movimientos de masas - buenos, malos, de izquierda, de derecha, sociales, religiosos, nacionalistas, tienen en común una propensión a la unidad, al fanatismo, a una esperanza ferviente, al odio o a la intolerancia como medios para liberar una poderosa energía humana que demanda una fe ciega y una lealtad incondicional. Algunos de estos movimientos de masas están formados por ateos "pero -advierte Hoffer- es todo lo contrario a irreligioso". "La hoz y el martillo o la esvástica [¿la gorra MEGA y la bolivariana?] están en la misma línea con la cruz". Pero no son movimientos ideológicos equivalentes, sólo tienen características equivalentes. Se trata, puro y simple, de un comportamiento humano irracional, una herramienta de las pasiones. Lo que no implica que estos movimientos no tengan sus recompensas.  
Crisis existencial
Para Hoffer los movimientos de masas exigen una "entrega total y un yo diferente" que se identifica más como "un miembro de una tribu", ya sea religioso, político, revolucionario o nacionalista. Cada parte de la personalidad y la vida del verdadero creyente debe provenir en última instancia de su identificación con esa comunidad; incluso solo, el verdadero creyente nunca se siente aislado. Hoffer identifica esta pertenencia comunitaria como la reaparición de un "estado primitivo del ser", muy común entre culturas premodernas. Estos movimientos de masas también utilizan la actuación teatral, actos rituales y el espectáculo, como los desfiles ceremoniales tribales, para hacer sentir al individuo abrumado y atemorizado.  
No siempre en el pasado estos fanáticos sinceros han estado dominados por la idiocia que caracteriza por ejemplo ese culto siamés Chávez/Trump.  Durante las Cruzadas, fanáticos sinceros ayudaron a restablecer la fe cristiana perdida como efectos de las pestes que diezmaron poblaciones y creencias en Europa. Durante el Renacimiento fanáticos sinceros ayudaron a Occidente a salir de la Edad Media y en otra ocasión protegieron a Occidente con sus vidas del asecho del Imperio Otomano.  
Trump, típicamente, se hecho mucho más rico después de perder las elecciones gracias a la contribución de sus fanáticos sinceros, a quienes les ha exigido jugosas donaciones para devolverle la presidencia que le arrebataron con las supuestas maniobras fraudulentas de la tecnología electoral creada por Chávez.  
Si los elementos que han surgido al momento que escribimos estas líneas tienen asidero, miembros del Gabinete y senadores estarían comprometidos en un complot destinado a provocar una masacre y las condiciones para dictar una Ley Marcial y suspender la transmisión de poderes.  
La histeria colectiva que envolvió a estos grupos hizo que se produjeran decenas de miles de videos acompañados de la identificación de centenares de comprometidos y pronunciamientos criminales como el de colgar de un árbol al vice presidente Mike Pence y a Nacy Pelosi. Se ha podido advertir que venezolanos del culto a Trump han estado borrando mensajes comprometedores de semanas y meses anteriores sin caer en cuenta que los mensajes electrónicos son indelebles. Nombres de prominentes figuras han surgido. La cooperación que ha solicitado públicamente el FBI para identificar a participantes ha resultado en 17.000 videos e infinidad de arrestos que serán la clave para el resultado de una investigación que luce histórica. 
Paradójicamente el complot, despojado del secreto que caracterizan maniobras de esta naturaleza, provee a los investigadores de todas las evidencias que, según han ido surgiendo, alcanzan hasta la cúpula del poder.  

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