La corrupción se puede enmascarar de muchas maneras.

Por Cesar Alonso

Existen actividades lícitas que detrás de ellas pueden estar grupos de poder que usan esas mascaradas para presumir de la licitud de sus acciones. Si uno tiene 100 cisternas de agua y con ellas vende el agua, no parece un acto ilícito, pero si es un funcionario público el propietario de esas cisternas, todo cambia.

Si tienes docenas de mercados «a cielo abierto» en espacios públicos, plazas, calles y avenidas, no es inconveniente porque la actividad es lícita, salvo que quien esté detrás de ese «negocio» sea un funcionario público.

En Vargas así como en toda Venezuela muchos se hacen la vista gorda ante este tipo hechos irregulares pero a su vez usan algunos «la lucha contra la corrupción» como una forma de congraciarse con el ciudadano pero solo es un ardid para buscar un enemigo conveniente y que es detestado por todos; un enemigo imaginario, irreal e intangible, lo complicado es individualizar la corrupción e identificar a los corruptos.

Siempre será fácil señalar la corrupción de manera general pero ponerle nombres y apellidos será una tarea compleja en una Venezuela sin instituciones sólidas ni independientes.

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