ANTES DE MORIR, CUIDA TÚ NOMBRE

Por Willmary Comus

Cada uno vive su propio calvario y vía crucis y a cada uno corresponderá resolverlo en vida, o dejar con un sabor amargo a sus sobrevivientes por haberles dejado tareas pendientes. Pero, a menos que sea por suicidio o eutanasia, nadie sabe cuándo va a morir, así que no todos se preparan para el gran día. Una de las cosas que debemos dejar para la posteridad es el cuidado de nuestro nombre, para que, a ejemplo de Abraham, podamos contarlo como estrellas, de generación en generación. Se trata de mantener nuestro apellido limpio, exento de señalamientos por crímenes contra la humanidad, robos, asesinatos, violaciones, abusos de poder, etc., sea contra individuos o colectividades. Este difunto, en vida fue dotado de gran inteligencia, recibió honores y fue factor determinante de cambios, fue odiado y quizá amado, fue controversial y condenado por una parte de la población y quizá como muchos, creyó que controlaría más allá de su misma finitud humana, pero en especial desatendió lo esencial, cuidar su nombre para bien de su descendencia, esa que en adelante evitará mencionarle.

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