«First Cow», en Mubi: el valor de la amistad

Con un film hecho de infinitos detalles, la directora de «Wendy y Lucy» consigue un relato que trasciende su anécdota. Tanto que desnuda las reglas básicas del capitalismo y habla del desencanto del sueño americano.

Luciano Monteagudo │ Pagina12

irst Cow          9 puntos

Estados Unidos, 2019.

Dirección y montaje: Kelly Reichardt.

Guion: Jonathan Raymond y Kelly Reichardt, basado en la novela homónima de Raymond.

Fotografía: Christopher Blauvelt.

Música: William Tyler.

Intérpretes: John Magaro, Orion Lee, Toby Jones, Ewen Bremner, Scott Shepherd, Gary Farmer.

Duración: 121 minutos.

Estreno el viernes 9 en Mubi.

“El pájaro, un nido; la araña, una tela; el hombre, la amistad” es el epígrafe –tomado de los Proverbios del infierno, de William Blake- con el que se abre First Cow, la nueva maravilla de la directora estadounidense Kelly Reichardt. Y a partir de allí, como si cobijara a sus personajes en un pequeño nido y a la vez los descubriera atrapados en una densa telaraña, dos hombres descubrirán que –más allá de lo que anhelan y ambicionan- todo lo que tienen en el mundo es su amistad.

Corre el año 1820 en las tierras vírgenes de Oregon, al norte de unos Estados Unidos todavía en formación. Muy lejos de las grandes ciudades, por allí los hombres –casi no hay mujeres a la vista- se ganan la vida como tramperos, comerciando con la piel de los castores, o están de paso hacia el Yukón, donde ya empieza a propagarse la fiebre de oro. Es en esa encrucijada –los cruces de caminos, los encuentros fortuitos son una constante en la obra de Reichardt- donde se descubren mutuamente “Cookie” Figowitz (John Magaro) y King-Lu (Orion Lee). El primero sufre como cocinero de una partida de tramperos que más bien parecen asesinos (quizás también lo sean) y con quien la sensibilidad a flor de piel de Cookie –capaz de distinguir en el bosque los hongos más exquisitos- poco y nada tiene que ver. El segundo es un buscavidas: cuenta que llegó del norte de China, que conoce Londres y que viene siendo perseguido por unos rusos con quienes tiene alguna cuenta pendiente. A priori, nada tienen en común. Salvo que ambos son buena gente y se reconocen entre sí como tales. Eso será suficiente para que nazca allí una amistad. Y también una inesperada sociedad comercial, con la que piensan sacar el dinero suficiente para salir de ese barro en el que viven y emprender nuevos rumbos.

“Tenemos suerte, llegamos temprano aquí, esta tierra todavía es nueva, hay muchas cosas que no tienen nombre”, razona King-Lu en la cabaña que comparte con Cookie y que parece casi tan precaria como la de Chaplin en La quimera del oro. King-Lu es una máquina de pensar. Pero también de actuar. Y cuando lo ve a Cookie -que recuerda al Buster Keaton de Go West– preparar unas galletas casi con nada, descubre allí un filón. ¿Por qué no venderlas en eso que llaman pueblo y no es más que un caserío inmundo alrededor de un fuerte? Porque para que sean verdaderamente sabrosas, le explica Cookie, hace falta leche. Y allí entra en escena la primera y única vaca de la región a la que alude el título de la película. Y que por supuesto no es de ellos, sino del terrateniente de la zona (el inglés Toby Jones), que es también allí la autoridad: el Chief Factor.

Es increíble como con tan escasos elementos –un par de personajes muy bien delineados, la naturaleza como casi único escenario— Reichardt, a la manera de sus películas anteriores, con las que comparte no sólo un austero modelo de producción sino también una visión del mundo, logra un film pleno de sentidos y mucho más complejo de lo que aparenta. Porque en First Cow hay fábula, hay humor e incluso hay suspenso, si el espectador es capaz de relajarse y dejarse llevar por los tiempos de la directora, que nunca tiene apuro y que va construyendo su relato a partir de infinidad de detalles a los que hay que estar muy atento porque nunca son accesorios sino que, por el contrario, hacen al todo.

Como si esto fuera poco, Reichardt, ya desde el breve prólogo contemporáneo que da pie al relato del pasado, insinúa no sólo su conclusión sino que consigue trascender su anécdota. Tanto que desnuda las reglas básicas del capitalismo y habla del desencanto del sueño americano. No es suficiente con llegar a cocinar las galletitas más sabrosas de todo el salvaje Oeste (“Comiendo esta galletita me siento como en Londres”, reconoce el Chief Factor). Como dice King-Lu, para abrirse camino “hace falta capital”. Y como demuestra First Cow, también hay que adueñarse de los medios de producción. No es algo que esté al alcance de la mano para esos dos improbables amigos, pero a cambio saben que tienen su mutua solidaridad.

  • El estreno de First Cow en la plataforma Mubi está acompañado de tres de las películas previas de Kelly ReichardtOld Joy (2006), Wendy y Lucy (2008) y Meek’s Cutoff (2010).

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