Hacerse a un lado

por Enrique Ochoa Antich

Uno lo ve, medio alelado, interpretando su alocución como si un spot publicitario fuese. ¿Quién redactó la alocución? ¿En qué capital de qué país fue concebida? Rodeado de vergeles, casi bucólico, como un candidato al Parlamento británico, farfulle su perorata y un nuevo espejismo se dibuja en lontananza: ahora es el Acuerdo de Salvación Nacional. Oye, Guaidó: ¡ya basta!

Cuando, luego del esperanzador acuerdo para designar un nuevo CNE, todos comienzan a hablar de la viabilidad de negociaciones y pactos; cuando arranca sus motores y echa a andar el autobús de la política real, ésa que se define como el arte de lo posible y se ejecuta con los pies en la tierra… y no levitando…, he aquí que este caballero y sus acólitos corren por el medio de la calle detrás del colectivo, agitando un largo legajo en la mano.

-¡No nos dejen afuera, no nos dejen afuera!, se les escucha gritar.

Como sabemos, el autobús de la política pasa una vez… y la próxima, quién sabe cuándo.

Pero a ver: si usted ha pasado 5 años promoviendo el derrocamiento del gobierno a la fuerza; si una vez bloqueado inconstitucionalmente el revocatorio, usted cae en la provocación y se sale de la ruta democrática probadamente exitosa (la que se siguió luego de la postulación de la candidatura de Teodoro en 2006, y permitió las victorias democráticas de 2007, 2008, 2009, 2010 y 2015); si usted, en vez de continuar esa estrategia victoriosa: hacia las regionales 2016, y las municipales 2017, y las presidenciales 2018, arrastra a toda a la oposición al desbarrancadero extremista: el Maduro vete ya y la renuncia y el abandono del cargo, y la protesta violenta de calle calle calle, y el coqueteo con una intervención militar extranjera y el irresponsable encomio de una guerra civil, y las sanciones y más sanciones (que hemos pagado todos, incluyendo la oposición), y el ridículo interinato y el mágico «mantra» del Cese a la usurpación y otras pistoladas, y la invasión por Cúcuta o Macuto, y la fulana Operación Libertad, y la bufonada del dizque golpe del 30A (clarísima trampa del gobierno); si usted recibe en 2016 una oposición victoriosa y entrega en 2021 otra derrotada, dispersa y en ruinas (al contrario de aquella dirección que construimos pacientemente en 2006, que recibió una oposición en ruinas, dispersa y derrotada y 10 años después entregó otra pujante y victoriosa), me parece que lo decente es que usted reconozca su fracaso y se haga a un lado. Véase en el espejo de Pablo Iglesias, y siga su ejemplo.

Algunos me han dicho que soy muy rudo al plantear esta exigencia. Pero hay, además de la del aparatoso fracaso, otra razón tal vez de mayor peso: ¿cómo es que usted puede cambiar de política con tanta facilidad? Estuve tentado a titular esta columna «Los sombreros de Guaidó»: sí, el sujeto cambia de política como si se cambiara de sombrero… sin autocrítica alguna, sin razonamiento, sin explicación plausible. Eso al menos lo ha hecho Capriles, dicho sea de paso. Sin embargo, reflexioné: no, VP merece otra oportunidad, todos podemos rectificar, todos cabemos en el diálogo, y una retahíla de buenas intenciones más. Pero luego escuché con atención la dicha alocución y el asunto es ¡aún más grave! El «interino» ha dicho:

• Que no reconoce a este CNE.

• Que no reconoce a la AN.

• Que exige elecciones presidenciales y parlamentarias ya, y si no, ninguna otra vale.

• Que reivindica la existencia de esa entelequia que llaman «gobierno interino».

• Que propone un diálogo entre la oposición (que serían ellos), sectores políticos y civiles y sociales, la comunidad internacional y… al final, como a regañadientes… bueno, está bien, el chavismo (ni siquiera dice el gobierno de Maduro… sí, el gobierno del Presidente Nicolás Maduro, el realmente existente, estemos o no de acuerdo con él, ése que hasta nuevo aviso despacha desde Miraflores).

¿Y así quiere participar de las negociaciones en marcha? ¿No será para «encaratarlo» todo, como seguramente desean los sectores más extremos de los dos polos? Cada vez me reafirmo más en mi convicción (expuesta en diversos escenarios y por escrito desde La Salida de 2014) que, no siendo la unidad un fin en sí mismo, lo más recomendable es el  deslinde: dejar por fuera a éstos del ¡Bochinche, bochinche! perpetuo. ¡Qué no diría el general Miranda en estos tiempos venezolanos!

En otras palabras, de la alocución del interino se deriva en realidad que no cree en esta política que está en pleno desarrollo. Debería mirarse en el espejo del inglés James Cameron: habiendo perdido el referendo del Brexit, comprendió que no podía presidir un gobierno que ejecutara una política que él había rechazado y en la que no creía, y se hizo a un lado. Buen ejemplo a ser imitado.

Y algo más (que dicha sea la verdad, da pena ajena): si se escucha con atención entre líneas, podrá notarse que este caballero lo que hace es cumplir a pie juntillas una instrucción del imperio: por allí se le escucha decir que sí, que parece que hay una posibilidad de acuerdo a cambio de las sanciones, y que por eso él dice lo que dice hoy. Bye, bye, Mr. Trump. Hello, Mr. Blinken.

Como guinda del coctel, el interfecto no acusa recibo de ninguno de los reclamos ciudadanos hechos. ¿Errores cometidos? Ninguno que él sepa. Más bien llega a la impudicia de decir que hasta aquí hemos llegado gracias a lo que él y sus adláteres hicieron de 2019 en adelante… como si ese «aquí» fuese el Balcón del Pueblo. Y la verdad acaso tiene razón: sí, hasta aquí, a este pantano de destrucción nacional, hasta esta oposición vencida y postrada, nos trajo el enorme cúmulo de sus desatinos personalísimos de estos últimos 2 años y medio.

Yo les propondría a Jorge Rodríguez y Luis Eduardo Martínez, que consideren exigir a quien quiera participar de la Mesa de Diálogo, al menos rubricar un compromiso por la ruta democrática en el que el firmante se obligue a:

Rechazar cualquier tipo de intervención militar extranjera.

Rechazar la injerencia de centros de poder en nuestros asuntos internos: solidaridad sí, tutelaje no.

Abandonar la promoción de sanciones y pedir o no boicotear su progresiva suspensión.

¿Dirimir todas las diferencias por la vía electoral.

Promover siempre el diálogo, la negociación y los pactos entre todos.

Reconocer al actual CNE.

Reafirmar que los cambios deben hacerse dentro de la Constitución (incluso para cambiarla).

Comprometerse a participar en todos los procesos electorales que la Constitución estipula: regionales y municipales este año (y defender el proceso de descentralización), presidenciales en 2024 y parlamentarias en 2025.

Constatar, reconocer que el gobierno de Venezuela es el que se ejerce en Miraflores, en la persona de Nicolás Maduro.

Disolver formalmente la entelequia del gobierno interino.

Trabajar por una designación de Poderes Públicos de acuerdo a la letra y el espíritu de la Constitución, verdaderamente autónomos e independientes.

Y un capítulo programático especial sobre temas económicos y sociales:

Reconocer la necesidad de impulsar una economía social de mercado exportadora y abierta a los mercados internacionales acompañada de un vigoroso Estado social de bienestar que se financie con la riqueza que la sociedad produzca, que ayude a revaluar con rapidez nuestra moneda.

Apoyar la reprivatización de las más de 1.000 empresas privadas estatizadas después de 2000.

Ayudar a articular un Pacto Social Anti-inflacionario para la recuperación del salario.

Procurar el desarrollo de fuentes alternas de energía limpia, es decir, diferentes al petróleo, como la hidráulica, la eólica y la solar, que respeten los equilibrios ambientales.

A ver si los de VP firman algo así. Y entonces hablamos.

Por lo pronto, vuelvo a escuchar la alocución de marras, miro atrás a estos 5 años perdidos en la inútil orgía extremista, siento la resaca ajena del interino como si fuera propia, y me vienen a la mente estos versos de Vallejo (con la venia y el perdón anticipado del grande poeta):

Y el hombre… Pobre… ¡pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

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