La cepa brasileña enferma más a los jóvenes

El infectólogo brasileño Fabio Gaudenzi de Faria habló con la Agencia Anadolu sobre la importancia de que los jóvenes entiendan que, ante las nuevas variantes del coronavirus, tienen el mismo riesgo de fallecer que los adultos mayores.

Camila Fernanda Moreno Camargo │ Agancia Anadolu

Que el nuevo coronavirus mata sin piedad a los adultos mayores, decían. Que los mayores de 60 y 70 años debían quedarse en sus casas, anunciaban. Que dejaran de abrazar a sus abuelos y no los visitaran por un buen tiempo, aconsejaban. Así lo hicieron y dejaron de prestar atención.

El coronavirus Sars-CoV-2, en cambio, cumplió con la teoría de Darwin. Como cualquier otro virus empezó a mutar para lograr una mejor versión de sí mismo. Se volvió más fuerte y agresivo en Gran Bretaña, en Sudáfrica y en Brasil, donde le pusieron el nombre de P1.

En enero de 2021 el mundo entero vio estupefacto cómo el estado brasileño de Amazonas y en especial su capital, Manaos, colapsaban ante un sistema de salud incapaz de cuidar y atender la enorme cantidad de pacientes que llegaban con formas graves de COVID-19. No habían pasado 15 días desde el inicio del año y Japón ya había comunicado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) que encontró una nueva cepa de coronavirus en cuatro viajeros procedentes de la Amazonía brasileña.

Fue esa variante, la P1, la que puso en aprietos al sistema de salud brasileño, pues su alto nivel de transmisión y el hecho de que ataque a todos los grupos de edades por igual cogió al país por sorpresa.

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“Estamos delante de una pandemia con características distintas, lo que hizo toda la diferencia, porque estábamos preparados para tener una circulación similar a la que habíamos conocido, pero realmente fue peor”, dijo a la Agencia Anadolu el doctor Fabio Gaudenzi de Faria, médico infectólogo, presidente de la Sociedad Catarinense de Infectología y miembro del Consejo Deliberativo de la Sociedad Brasileña de Infectología (SBI).

La principal característica de la enfermedad que trajo consigo la variante P1 tiene que ver con la transmisión: “Existe una mayor expresión del virus a través de la vía aérea y por más tiempo”, explicó Gaudenzi de Faria y aseguró que esa información está documentada de manera científica. Por su parte, a partir de la experiencia que el sector médico brasileño tuvo en Manaos, en Sao Paulo y los estados del sur (Paraná, Santa Catarina y Rio Grande do Sul), los científicos se dieron cuenta de que dicha cepa causa reinfección en personas que ya estuvieron contagiadas y que los pacientes jóvenes desarrollen un estado más grave de la dolencia.

Los jóvenes, las nuevas víctimas

En esta pandemia, que causó tantas muertes de adultos mayores al inicio, los jóvenes son los menores de 45 años.

Los datos no mienten. La Asociación de Medicina Intensiva Brasileña (Amib) analizó las cifras de defunción y recuperación en 1.593 UCI públicas y privadas del país, entre el 1 de enero y el 26 de marzo del presente año. Según la investigación, durante ese tiempo en las unidades de cuidado intensivo (UCI) se triplicaron los fallecimientos de personas entre 18 y 45 años: pasaron de 13,1% entre septiembre y noviembre de 2020 a 38,5% en el primer trimestre de 2021.

“Uno ve a personas contagiadas nuevamente y jóvenes teniendo formas bastante graves de la enfermedad, necesitando de terapia intensiva. Muchas veces por ser jóvenes, por tener una reserva muy buena de salud en su organismo, se quedan por largos periodos de tiempo hospitalizados, haciendo que la red de salud termine colapsando de manera más rápida de lo que vimos en las circulaciones del virus durante el año pasado”, explicó el infectólogo.

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Este comportamiento ya se está viendo en Chile, país al que le han reclamado el hecho de que cantara victoria frente a su exitoso plan de vacunación cuando no ha podido parar el aumento de contagios desde el inicio del año: el 18 de febrero el promedio diario de contagios por coronavirus durante los últimos siete días era de 3.405 casos, mientras que el 12 de abril esa cifra alcanzó los 7.187 casos.

De acuerdo con los datos oficiales del Gobierno chileno, al 6 de abril había en las UCI 469 personas entre 40 y 49 años, 378 mayores de 70 años y 359 con menos de 39 años. “Lo que es extremadamente preocupante es que el componente de letalidad en los menores de 60 años ha ido creciendo… A diferencia de la primera oleada en 2020, los jóvenes con enfermedades graves pasan más tiempo en la UCI y con un respirador”, comentó al diario El País Gabriel Cavada, profesor de epidemiología de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Chile.

El problema radica principalmente en tres factores: primero, que al inicio de la pandemia (cuando todo era caos, cierres y las personas estaban pegadas a las noticias para entender qué pasaba) las autoridades sanitarias del mundo dijeron, alto y fuerte, que las víctimas principales del virus eran los adultos mayores y quienes tuvieran comorbilidades; segundo, que para aliviar la presión sobre la economía algunos Gobiernos han relajado mucho las medidas de contención y, tercero, que debido a los discursos iniciales frente al tema y la misma condición de ser jóvenes, las personas menores de 45 años se creen más fuertes frente al virus, por lo que han bajado la guardia.

El aumento de contagios “también viene con una característica que es inherente a los jóvenes: se resisten más a escuchar orientaciones y recomendaciones porque tienen aquella sensación de que están más protegidos y tienen buena salud. Nosotros ya vimos eso en otras pandemias o epidemias como el propio VIH, cuando algunos jóvenes asumieron comportamientos o actitudes muchas veces de riesgo”, indicó Gaudenzi de Faria.

Tanto para el médico catarinense como para la doctora Rosana Richtmann, infectóloga de Sao Paulo, los países que han encontrado en su territorio la cepa brasileña de la COVID-19 están ante una nueva enfermedad causada por el mismo virus. En otras palabras, “es una nueva pandemia, diferente a la que vimos el año pasado. La nueva variante no ataca a un grupo específico de edades, se transmite más fácil y tiene una viralidad más fuerte, provocando un aumento muy grande de casos graves entre los jóvenes”, explicó Richtmann en una entrevista con El País.

El objetivo: no enfermarse

Es importante entender que, de la misma forma en que apareció la P1, el surgimiento de otras variantes puede continuar, ya que la humanidad todavía no tiene el control sobre la enfermedad. “La COVID-19 está siguiendo su historia natural. Cuanto más personas infecte el virus, más ciclos y replicaciones tendrá, y mayor será la posibilidad de la aparición de nuevas cepas”, apuntó Gaudenzi de Faria.

La buena noticia recae en que la ciencia y la tecnología han avanzado tanto que, en menos de un año desde que se iniciara la pandemia, la humanidad ya contaba con varias vacunas eficaces para evitar las formas graves de COVID-19 y todavía se siguen desarrollando más, como la cubana Soberana 2 y la brasileña ButanVac, que dan esperanzas en la lucha contra el coronavirus.

Sin embargo, este es un camino largo, puesto que la vacunación masiva debe llevarse a cabo “globalmente, para que no tengamos el surgimiento de nuevas variantes que puedan comprometer esa capacidad de respuesta que el planeta haya adquirido, en lugares que no pueden controlar la enfermedad”, observó el infectólogo.

Además, es necesario recordar que, aunque las vacunas evitan que las personas desarrollen manifestaciones graves de la enfermedad, quienes hayan sido inoculados pueden seguir transmitiendo el virus siendo presintomáticos o asintomáticos. Vacunarse no significa que uno no se vaya a enfermar, sino que podría desarrollar síntomas leves en caso de contagiarse.

or eso, al cuestionar al doctor Gaudenzi de Faria sobre qué medidas deben adoptar los países y ciudades donde se ha detectado la variante brasileña, el especialista responde con un consejo que, sabe, es difícil de cumplir y tiene muchos detractores: “Infelizmente las medidas necesitan ser muy duras y es la restricción a la circulación de las personas la que va a causar la disminución de la transmisión. Es la biología del virus, él se va expandiendo, el hospedador es el ser humano y la única forma de reducir la velocidad de transmisión es apartando a las personas, aislándolas”.

Para el infectólogo, mientras el virus se vuelve endémico y los países inmunizan a su población no una, sino varias veces a lo largo de los próximos años, la manera de frenar el aumento de muertes por COVID-19 es que las personas hagan lo posible por no enfermarse, en vez de correr el riesgo de contraer el virus esperando tener una sintomatología leve.

“El objetivo inicial de cada persona debería ser no enfermarse. La enfermedad a la que nos estamos enfrentando es muy grave y no aguanta simplemente no tener colapsado el sistema de salud. Debemos luchar para no tener casos de contagio, es la única manera de parar las muertes”, aseguró Gaudenzi de Faria.

Por este motivo, hace un llamado a los jóvenes latinoamericanos para que entiendan que la enfermedad a la que se enfrenta la región es diferente a la del año pasado y que ellos ahora tienen el mismo riesgo que los adultos mayores de desarrollar una forma grave de COVID-19. El mensaje es que continúen cumpliendo con las medidas de autocuidado como usar tapabocas o mascarilla médica, mantener la distancia física, evitar reuniones de más de cinco personas, mantener los espacios ventilados y lavarse las manos de manera constante. Estos protocolos deben seguirse así se encuentren con amigos de toda la vida, personas de confianza o familiares. La razón es sencilla: confiar en el otro no significa ser inmune o que la otra persona esté libre del virus.

De acuerdo con el médico infectólogo, “es importante recordar a todos los jóvenes que el nuevo coronavirus, debido a las nuevas variantes, generó un cambio importante en el perfil de la COVID-19, con un riesgo mayor de desarrollar una enfermedad más grave en los menores de 60 años. Actualmente las UCI de Brasil ya están ocupadas en su mayoría por este grupo. Por eso, los más jóvenes deben redoblar los cuidados que venían teniendo, pensando no solo en no contagiar a sus mayores, sino también en no infectarse”.

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