La maldición del malandro de la Cota 905

Por: José Garcés

Bandas delincuenciales, pranes, luceros, malandros, secuestros, hampa, drogas, armas y detonaciones son las palabras que nos aturden todavía, luego del despliegue noticioso que causó la Operación Gran Cacique Indio Guaicaipuro. Gracias a esta operación fue liberada la Cota 905 y sectores adyacentes del dominio de bandas armadas que actuaban al margen de la ley, y que quisieron desestabilizar políticamente a Venezuela para favorecer diversas acciones por parte de la Derecha fascista. Acciones que van a desde el magnicidio, golpes de Estado y hasta la invasión militar a nuestro país.

Llama la atención que la Derecha fascista esté usando bandas criminales y malandros para sus fines golpistas, pero bueno, de esta gente se puede esperar todo. Pero como habíamos apuntado nuestro interés en este texto es generar reflexión.

En primer lugar podemos preguntar ¿Qué es un “malandro”? Pues, justamente aquí es donde entra en juego la ideología. Diferentes interpretaciones se han hecho sobre este respecto. Diremos que un malandro es un individuo que mantiene una subcultura que busca en primer lugar el dinero fácil por medio del robo y actividades ilícitas. Por eso en los predios policiales se dice: “malandro en malandro y su apellido es candado”.

La subcultura del malandro implica un modo particular de hablar en el que se arrastran las palabras con un acento característico. El uso de una vestimenta que lo identifica como tal, y por sobre todo, la ostentación de símbolos de poder como las armas, el dinero y el oro. La droga y la violencia son íconos venerables en esta subcultura, así como cierto tipo de géneros musicales.

En la subcultura del malandro están incorporadas y estructuradas varias prácticas que han sido toleradas por la sociedad, como los “Entierros malandros” e incluso dentro de las prácticas de la brujería y el espiritismo ya existe la “Corte malandra”.

De manera que el malandrismo ya no parece ser una subcultura sino que se ha convertido en una cultura que compite con la cultura dominante, y es justamente este punto que merece especial atención. Recordemos al presidente Mao cuando decía: “Las ideas dominantes en una sociedad son las ideas de la clase dominante”. De manera tal que los valores del capitalismo, como lo son la acumulación de ganancia y la negación de los derechos del otro, son los valores que realza el malandrismo. Para un malandro lo primero es la ganancia monetaria incluso si tiene que atropellar los derechos del otro, como el derecho a la vida.

De manera que vemos que el capitalismo es la estructura económica que genera una superestructura o ideología, y que está conformada por las leyes y el conjunto de ideas que legitiman la explotación del hombre por el hombre. A esta superestructura (las ideas) se le llama cultura, y la ideología es el sustrato, o el conjunto de ideas, leyes y costumbres, que legitiman esta cultura, y también viceversa como decía Benedetti. Pero nada, los análisis derivados del materialismo histórico tienden a confundir por su nivel de abstracción. En síntesis podemos decir que los ricos buscan riquezas y niegan los derechos de los demás por vías legales (recordemos que ellos hicieron las leyes) y los malandros también buscan riquezas y también niegan los derechos de los demás pero por vías ilegales (recordemos que ellos no hicieron las leyes escritas).

Entonces vemos que la ideología de la burguesía y la ideología de los malandros es la misma: La búsqueda de riqueza, la ostentación del poder, el individualismo y la negación de los derechos de los demás. En virtud de la coincidencia de ideologías entre capitalismo y malandrismo, ya podemos saber por qué la Derecha captó tan fácilmente a estos actores sociales para sus planes golpistas.

Esto es un problema puntual y se refiere a captar a algunos individuos en particular, con nombre y apellido. A nuestra manera de ver, el verdadero problema está en que el malandrismo como cultura, ha permeado muchos sectores de la sociedad. Podemos ver cómo deportistas en sus juegos sabatinos, luchadores sociales en sus reuniones políticas, estudiantes, y hasta profesionales (cuando los asiste la confianza) pueden presentarse a sus grupos y saludar arrastrando las palabras con un: “¿Quelo qué? menol. Háblame cloro” y este saludo lejos de ser censurado por el grupo de pares, es reforzado y por lo general se le contesta en el mismo sonsonete: “Haaaaaabla lacra, ¿Pendiente e qué?”.

El malandrismo se ha convertido en la coraza por excelencia en nuestra sociedad, es un muy efectivo mecanismo de defensa. Es como el color amarillo en ciertos sapos del Amazonas que alerta a los demás animales: “Soy venenoso”. Así, el que usa la imagen de malandro, despliega un metalenguaje que dice: “Si no haces lo que yo digo, te puedo hacer daño”. Este mecanismo de defensa se ha extendido a muchos sectores de la sociedad. Por ejemplo, todavía no he visto a ningún colector de las camionetas del transporte público (de la ruta san Martin, Antímano, La Vega, etc.) que no tenga cara de malandro y que no intimide a los pasajeros con el sonido socarrón, gutural y ronco de su voz, al grito de “Pasaje en mano”. En la misma camioneta de pasajeros recibimos la visita de vendedores ambulantes que nos piden los “Buenos días” y sin que nadie le responda ellos continúan con un: ”Gracias por sus buenos días”, y con el hablar típicamente malandro nos ofrecen sus productos consistentes en dulces y chucherías, verificando una estrategia de ventas muy poderosa; una estrategia de ventas basada en la intimidación.

Ya es llover sobre mojado hablar de la exaltación de la cultura malandra con las telenovelas, canciones, géneros musicales, “Premios Awards” y películas que realzan, refuerzan y promueven esa cultura en la sociedad. Ya acerca de esto se ha hablado hasta la saciedad. Lo que representa un grave problema es ver cómo la cultura del malandro ha escalado posiciones a todo nivel en la sociedad. No se diferencia mucho el habla de un policía, del de un estudiante de zonas populares, de los obreros en la fábrica y de los malandros de la Cota 905. Pongo otro ejemplo: Los uniformes se hicieron para identificar a un grupo en particular, de manera que un uniforme blanco sirve para identificar a las enfermeras, y un uniforme azul para identificar a los bomberos. Si usted fuera un extraterrestre y se le diera como misión identificar a los malandros ¿Cómo distinguiría a los malandros de los que no lo son? Ya que todos visten igual en nuestras zonas populares.

Entonces tenemos que la cultura del malandrismo ha permeado a muchos sectores de la sociedad uniformando a nuestros jóvenes en los sectores populares, imponiéndoles una forma de hablar, dejando impronta en los colectores de las camionetas y en los vendedores; en los deportistas y los estudiantes; en los luchadores sociales y los grupos de amigos. Además, asumimos que esta impronta tiene la función de una coraza que actúa como un mecanismo de defensa.

Habíamos dicho anteriormente que la ideología que subyace tanto al capitalismo como al malandrismo es la misma, y está limitada a la búsqueda de riqueza, la ostentación del poder, el individualismo y la negación de los derechos del otro.

Se dice que en 1781, Tupac Amarú II al enfrentar la muerte por descuartizamiento sentenció: “Volveré hecho millones”. La realidad se nos presenta desalentadora cuando exaltamos una imagen delincuencial, difundimos sus maneras y le otorgamos reforzamiento social a su cultura. Cuando vemos las maneras de los jóvenes y no tan jóvenes, las canciones que les hacen escuchar por la radio y las telenovelas que difunde la televisión, pareciera que el malandro caído en un enfrentamiento con las fuerzas policiales estuviera diciendo también: “Volveré hecho millones”.

Esta reflexión representa otra dimensión de la lucha en la construcción de la revolución y el socialismo. Se trata de la lucha por la conformación de una cultura revolucionaria que dé cuenta de una práctica revolucionaria. Se trata de la construcción de una cultura socialista que enaltezca los valores humanos, de la ética y del arte, y no los valores de la muerte, de la dominación y la oscuridad.

En síntesis: el capitalismo tiene la misma ideología que la cultura del malandro y cuando legitimamos esta cultura de alguna forma estamos legitimando al capitalismo. Por eso debemos recordar las palabras del poeta Carlos Angulo: “No podemos construir un mundo con las mismas palabras con que fue destruido”.

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