Los dos chavismos

por Enrique Ochoa Antich

Desde hace mucho sostengo que hay dos chavismos, y tal vez más.

Uno de ellos ve más su origen histórico en la intentona golpista del 4F de 1992. Otro en la victoria electoral de 1998.
Uno es más militar, y militarista; el otro es más civil y, quisiera creer, civilista.

Uno tiende al autoritarismo, al ejercicio dictatorialista del poder; el otro trata de encarnar las aspiraciones democráticas que se acumularon en la sociedad venezolana en los ’80 y los ’90, en buena parte expresadas en el texto constitucional de 1999

Un chavismo cree que para mantenerse en el poder vale todo: incluso la violación a los ddhh del adversario: la represión, la detención arbitraria, la desaparición forzada, la tortura y la muerte; pero hay otro que quiere respetar los ddhh y sanciona su violación, y sabe que el adversario político debe ser respetado en el ejercicio pleno de sus derechos  humanos, políticos y civiles

Uno se inspira en valores comunistas, tiene su utopía en Cuba, y por momentos tiene una conducta fascista: el insulto procaz al adversario, su destrucción moral, su vocación totalitaria de control absoluto del poder; el otro parece comenzar a inspirarse más (aunque no lo sepa) en la socialdemocracia de avanzada: tipo PT de Brasil, peronismo argentino, Frente Amplio de Uruguay, MAS de Bolivia, la revolución ciudadana de Ecuador, y ahora MORENA en México, todas experiencias exitosas (y socialdemócratas, aunque lo nieguen con pudor): sabe que el poder debe compartirse para que la democracia sea el poder del pueblo, es decir, de todos y cree (quiero pensar que cree) en la alternancia republicana que consagra la Constitución. 

Uno es más estatista y populista, cree que la economía puede manejarla el Estado, que podemos tener un Estado empresario que se encargue de producir y repartir la riqueza desde arriba a través de dádivas; otro comprende o comienza a comprender que el mercado es el instrumento más eficaz de asignación de los recursos, que las estatizaciones masivas de Chávez fueron un error que nos costó muy caro a los venezolanos y que hemos pagado en hambre, enfermedades sin cura oportuna, destrucción de los servicios, pobreza y atraso, y que sabe que el desarrollo de una nación sólo se consigue mediante el desarrollo impetuoso de sus fuerzas productivas y que éste sólo es posible, no si las asume una burocracia que cobra 15 y último, sino si todo lo que puede producir la sociedad, el Estado se lo deja a la iniciativa privada, social, cogestionaria: la riqueza se crea a partir del instinto de beneficio y la iniciativa individual o corporativa de millones de seres humanos. Para repartir la riqueza, hay primero que crearla.

Cada uno de ellos se entrecruza con el otro: hay autoritarios y demócratas, estatistas y liberales, tanto en el chavismo que está en el gobierno como en el que está en la oposición.

Pero en el chavismo, y muchas veces en cada chavista, en su fuero más íntimo, persiste una contradicción: la que hay entre democracia y vocación totalitaria, entre mercado y Estado, entre civilización y barbarie. De cómo se resuelva esa contradicción dependerá buena parte del futuro del país.

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