Quién es el hombre que lidera la histórica competencia a Guaidó

La participación electoral del ala moderada en las mega elecciones del 21 de noviembre para elegir todos los alcaldes y gobernadores del país puede suponer un paso firme en la normalización de la actividad política en el país.

Ociel Alí López │OPINION │RT

Una amenaza inesperada sorprende a Guaidó. No se trata de persecución policial, ni el giro en la política estadounidense, sino de su «competencia natural» en el seno de la propia oposición.

Es José Manuel Olivares, un joven opositor que ganó el voto lista en el estado La Guaira (anteriormente llamado Vargas), el mismo en el que Juan Guaidó llegó de segundo en las parlamentarias de 2015. En 2017, Olivares compitió contra el chavismo por la gobernación y perdió, pero consiguió la unidad de la derecha en ese territorio cuando Guaidó era un diputado que apenas se conocía. 

En La Guaira, ambos representan clara adversidad porque cada uno lidera su partido y son políticos jóvenes que durante el auge opositor se posicionaron como eventuales candidatos a gobernadores.

En las parlamentarias de 2015, Olivares consiguió 99.734 votos, encabezando el denominado ‘voto lista’, mientras que Guaidó acumuló 97.492 votos, es decir, 2.000 respaldos menos que no impidieron que fuera el elegido para dirigir el ‘interinato’ que intentó deponer sin éxito al presidente venezolano, Nicolás Maduro.

Olivares, líder del partido derechista Primero Justicia y una de sus figuras emergentes, se encontraba en el exilio después de haber apoyado activamente el ‘interinato’ de Guaidó y formado parte en la asonada militar del 30 de abril de 2019.

La división opositora se ha acentuado entre los que quieren participar electoralmente y quienes se mantienen apoyando la línea dura del ‘interinato’

Pero la semana pasada, Olivares volvió repentinamente al país con dos inesperados anuncios: su renuncia como «comisionado presidencial para la salud y atención sanitaria a los Migrantes» del ‘gobierno de Guaidó’ y su intención de disputar la gobernación de La Guaira, un signo evidente del avance de las negociaciones para la normalización política y la inclusión de actores que se encontraban fuera del sistema político legal.

Olivares forma parte de Primero Justicia (PJ), la organización política que dirige Julio Borges, quien a su vez funge como «represente de asuntos internacionales de Guaidó» y encabeza un ala radical en contra del Gobierno. Sin embargo, el ‘canciller’ del ‘interinato’ no se ha manifestado contra la decisión de Olivares y el partido tampoco, lo que permite inferir que hay negociaciones y que estas, efectivamente, han ido avanzando. 

A pesar de su radicalismo, dentro de PJ existe un ala moderada, dirigida por Henrique Capriles, que se ha apartado del camino insurreccional que emprendió la oposición y ha propugnado una vía electoral. Al parecer, Olivares se ha plegado, después del exilio, a esta línea de corte democrático. 

A estas escisiones dentro de PJ se suma su histórico choque con otro partido dentro de la misma oposición: Voluntad Popular (VP). Ambas organizaciones políticas han tenido fricciones desde sus inicios, debido a que el espacio dirigido por Leopoldo López surgió de la división de la organización que encabeza Julio Borges.

Leopoldo López y Juan Guaidó durante el fallido golpe de Estado, Caracas, Venezuela, 30 de abril de 2019 │Carlos Garcia Rawlins / Reuters

López, prófugo de la justicia venezolana y asilado en España, ha respondido este jueves a este nuevo panorama político (caracterizado por la erosión de su proyecto de ‘interinato’) interpelando a Capriles, un adversario con el que perdió en 2012 las primarias opositoras.

«Sería triste que [Capriles] se sume a ser parte del coro, del teatro que apoya a Maduro y se convierta en una oposición a la medida de la dictadura», dijo López, una afirmación que llega después de meses de discursos sobre la firme unión de la oposición en torno al proyecto de Guaidó. Parece ya no ser así o, en todo caso, empieza a tener sus dudas al respecto.

López también ha reconocido que en agosto empezará un proceso de negociación, mediado por el gobierno en México, y dijo que estaría presente, lo que implica un giro de su discurso centrado en pedir una invasión internacional y acusar a Maduro de «narcoterrorista». Solo que el cambio de postura parece estar llegando un poco tarde.

La captura de Freddy Guevara

La candidatura de Olivares ocurrió días antes de la captura de Freddy Guevara, uno de los principales líderes de VP, el partido de Guaidó. Ese hecho permite entender que la división opositora se ha acentuado entre los que quieren participar electoralmente y quienes se mantienen apoyando la línea dura del ‘interinato’.

Lo clave de la detención es que explica que el gobierno solo va a generar interlocución con una sola de estas corrientes para asistir a un diálogo político, en un contexto en el que el liderazgo de Voluntad Popular está exiliado, solicitado o en la cárcel, acumulando acusaciones de terrorismo y traición a la patria.

Sin capacidad de respuesta, sin el apoyo internacional de antes y con buena parte de la oposición haciendo campaña electoral o preparándose para ello, el ala radical de la oposición luce derrotada

Esta situación de división interna opositora se da en el marco de un giro del discurso del Gobierno de EE.UU., que comienza a presionar a la oposición para que vuelva al marco institucional después de derrotada la intentona insurreccional que comenzó en 2019 con la autojuramentación de Guaidó.

De la misma manera, la captura de Guevara ocurre en momentos en que la debilidad opositora se aprecia, sobre todo, en la incapacidad de responder con manifestaciones o protestas al apresamiento de un líder que dirigía el proceso de negociación por el ala radical.

Sin capacidad de respuesta, sin el apoyo internacional de antes y con buena parte de la oposición haciendo campaña electoral o preparándose para ello, el ala radical de la oposición que hegemonizó la lucha antimadurista de los últimos años luce totalmente derrotada.

La participación electoral del ala moderada en las mega elecciones del 21 de noviembre para elegir todos los alcaldes y gobernadores del país puede suponer un paso firme en la normalización de la actividad política en el país, mientras deja fuera de juego a quienes solo contemplaban una salida de corte radical vía invasión o golpe militar.

De no haber seguido esa vía, el liderazgo de Voluntad Popular, incluyendo a Guaidó, podría estar compitiendo por sendos cargos de representación popular. Pero el hecho de haberse lanzado por un camino de desconocimiento institucional y llamado violento, los ha condenado a desaparecer del mapa político al menos en los próximos años, o hasta que vuelva un Trump o algún fenómeno similar que decida activar nuevamente a los radicales.

Ociel Alí López

Es sociólogo, analista político y profesor de la Universidad Central de Venezuela. Ha sido ganador del premio municipal de Literatura 2015 con su libro Dale más gasolina y del premio Clacso/Asdi para jóvenes investigadores en 2004. Colaborador en diversos medios de Europa, Estados Unidos y América Latina.

Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de su autor y no representan necesariamente el punto de vista de RT.

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